Cómo invertir en bonos: rentabilidad, precio y cómo comprarlos

Durante años, invertir en renta fija pareció algo aburrido y casi residual. Tipos cercanos a cero, rentabilidades simbólicas y la sensación de que invertir en bonos era cosa de fondos de pensiones, no de ahorradores normales. Ese capítulo se ha cerrado.

En la subasta del 5 de mayo de 2026, el Tesoro Público colocó letras a 12 meses al 2,635%, la rentabilidad más alta desde septiembre de 2024. El bono español a 10 años cotiza en torno al 3,5% en el mercado secundario, su nivel más alto desde marzo de 2025. Invertir en bonos vuelve a tener sentido para quien quiere preservar capital sin que la inflación se lo coma.

Pero la renta fija no es un único producto, ni todos los bonos funcionan igual. Hay letras del Tesoro a tres, seis, nueve y doce meses, bonos del Estado a tres y cinco años, obligaciones a diez, quince y treinta. Cada plazo se comporta de forma distinta ante los movimientos de tipos del BCE, y elegir mal puede convertir un activo conservador en una posición con pérdidas latentes incómodas.

En este artículo vas a encontrar qué bonos existen, qué rentabilidad ofrecen hoy, cómo se forma su precio y por dónde se compran realmente. 

Qué son los bonos y cómo funcionan

Un bono es, en esencia, un préstamo con condiciones pactadas. Cuando compras un bono, le prestas dinero a un emisor, el Estado, una comunidad autónoma, una empresa, durante un plazo determinado a cambio de un interés periódico y la devolución del capital al vencimiento. Es así de simple, y al mismo tiempo así de poderoso, porque define exactamente lo que vas a cobrar y cuándo.

Esa previsibilidad es la diferencia clave frente a la renta variable. Una acción te paga si la empresa gana dinero, si su consejo decide repartir dividendos y si el mercado le da la razón. Un bono te paga el cupón aunque la bolsa caiga un 30%, siempre que el emisor no quiebre. Ese matiz, que parece menor, cambia por completo el papel que juegan los bonos dentro de una cartera.

¿Por qué importa especialmente ahora? Porque el mercado ha pasado del entorno de tipos cercanos a cero al opuesto. Tras los recortes del BCE de 2024 y 2025, los inversores vuelven a descontar subidas: a comienzos de mayo de 2026 valoran al menos dos alzas de un cuarto de punto del BCE antes de fin de año, según los swaps de tipos del euro. El bono español a 10 años cotizaba al 3,5% en mercado secundario y la letra a 12 meses se adjudicó al 2,635% en la subasta del 5 de mayo, su nivel más alto desde septiembre de 2024.

Eso significa que un activo conservador vuelve a dar rentabilidad real positiva, algo que entre 2015 y 2022 prácticamente no existió. Para alguien que tiene liquidez aparcada y no sabe qué hacer con ella, los bonos han recuperado un sitio que llevaba más de una década vacío.

Hay un matiz que conviene tener claro desde el principio: bono no es sinónimo de seguro. Lo es a vencimiento, si el emisor cumple. Pero si vendes antes y los tipos han subido, el precio de mercado de tu bono cae, y puedes asumir pérdidas reales. Entender esa mecánica básica es lo que separa al ahorrador que usa la renta fija con criterio del que se sorprende al ver su posición en negativo.

Rentabilidad de los Bonos del Tesoro en España

La renta fija española dibuja en mayo de 2026 una curva que conviene tener delante para no operar a ciegas. En las subastas más recientes, las letras a 6 meses se adjudicaron al 2,35% y las letras a 12 meses al 2,635%, su nivel más alto desde septiembre de 2024. Los bonos a 3 años se colocaron al 2,68%, los bonos a 5 años al 2,911% en abril y las obligaciones a 10 años cerraron la subasta del 7 de mayo en el 3,395%. El tramo de obligaciones con vida residual cercana a 18 años alcanzó el 3,869%.

Esa escala dice algo concreto. El inversor pide poco más de 70 puntos básicos extra por alargar de un año a diez. Un diferencial estrecho, que indica que el mercado descuenta que los tipos a corto plazo se quedarán altos más tiempo del previsto. La curva está prácticamente plana, lo que rompe con la lógica clásica de cobrar más por prestar a más años.

Donde el dato cobra otro relieve es cuando lo cruzas con la inflación. El IPC español se situó en el 3,2% interanual en abril de 2026 según el INE, con una subyacente del 2,8%. Con esas cifras, una letra a 12 meses al 2,635% da una rentabilidad real ligeramente negativa, y un bono a 10 años al 3,40% apenas saca dos décimas reales después de la inflación. ¿Es suficiente? Depende de a qué lo compares y de qué papel quieras que jueguen los bonos dentro de tu cartera.

Otro dato que conviene mirar es la demanda. En la subasta del 7 de mayo, el Tesoro adjudicó 6.189 millones en bonos y obligaciones frente a peticiones que superaron los 13.000 millones, según los datos publicados por el Banco de España. El mercado quiere deuda española al precio actual, lo que sugiere que estas rentabilidades pueden no durar si la inflación cede o el BCE termina retomando las bajadas.

Para el ahorrador particular, eso se traduce en una decisión práctica: aprovechar la ventana de tipos altos en los plazos que necesites, sin extrapolar que estas cifras estarán ahí dentro de seis meses. El cupón que pactes hoy no varía hasta vencimiento.

En qué bonos invertir según tu perfil

La pregunta no es qué bono está más de moda, sino cuál encaja con tu plan. Y para eso solo importan tres variables: cuándo necesitarás ese dinero, qué tolerancia tienes a ver tu posición en negativo si decides vender antes y si puedes mantener la inversión hasta vencimiento sin estrés. Esas tres preguntas ordenan toda la decisión.

Si lo que tienes es liquidez aparcada o un fondo de emergencia, las letras del Tesoro a 3, 6 o 12 meses son el instrumento natural. Te dan rentabilidad sin inmovilizar el dinero más de un año, y la inversión mínima son 1.000 euros por título según las condiciones del Tesoro Público. Aquí no buscas crecer, buscas que el dinero no pierda contra la inflación mientras decides qué hacer con él.

Si tienes un objetivo a dos o tres años, una entrada de piso, una reforma, el coche que cambiarás en 2028, el papel adecuado es el bono del Estado a 3 años, que en la subasta del 7 de mayo se colocó al 2,68%. La ventaja frente a renovar letras es la certidumbre: bloqueas el cupón durante todo el plazo y no dependes de lo que paguen las subastas del año siguiente. Si los tipos bajan, te alegrarás de haber fijado; si suben, te quedas con un cupón inferior al de mercado pero recuperas el principal íntegro al final.

Si tu horizonte real es de cinco años o más y no necesitas ese dinero antes, los bonos a 5 años o las obligaciones a 10 pueden tener sentido como suelo de rentas. Eso sí, el precio de mercado de esos títulos se mueve más ante cualquier cambio de expectativas del BCE. Una obligación a 10 años puede perder en torno a un 8% de su cotización por cada punto porcentual de subida de tipos, según el efecto duración. Mantenerla a vencimiento cancela ese riesgo; venderla antes lo materializa.

Una estrategia que combina varios plazos y suaviza la decisión es la escalera de bonos. Consiste en repartir la inversión en vencimientos distintos, por ejemplo, partes iguales a 1, 3 y 5 años, y reinvertir cada tramo según va venciendo. Te da liquidez parcial cada año y reduce el coste de equivocarse en el momento de entrada, algo especialmente útil cuando la curva está plana como ahora.

El perfil agresivo no existe en renta fija pública. Lo que sí existe es el inversor que usa obligaciones de muy largo plazo como apuesta direccional sobre futuras bajadas de tipos. Es una jugada legítima, pero no es ahorro: es una posición especulativa con un activo conservador. Conviene saber distinguir las dos cosas antes de mezclarlas.

Cómo invertir en letras del Tesoro

Las letras del Tesoro tienen una particularidad técnica que conviene entender antes de comprar: no pagan cupón, se emiten al descuento. Tú compras la letra por debajo de su valor nominal y, al vencimiento, el Estado te devuelve los 1.000 euros íntegros. La diferencia entre lo que pagaste y lo que recibes es tu rentabilidad. Si una letra a 12 meses se adjudica al 2,635%, eso significa que pagas en torno a 974 euros y un año después recibes 1.000.

Esa mecánica tiene una ventaja concreta: sabes exactamente lo que vas a cobrar y cuándo, sin reinversión de cupones de por medio. Y tiene una consecuencia operativa: la rentabilidad solo se materializa al vencimiento. Si necesitas vender antes en el mercado secundario, te encontrarás con el precio de cotización del día, que puede estar por encima o por debajo del de compra según hayan evolucionado los tipos.

El Tesoro Público emite letras a 3, 6, 9 y 12 meses en dos subastas mensuales. La primera, habitualmente el primer martes del mes, coloca letras a 6 y 12 meses. La segunda, el segundo martes, las de 3 y 9 meses. El calendario completo está publicado en la web del Tesoro y el inversor particular puede acudir a través de una cuenta directa en el Banco de España, de su banco habitual o de un bróker. La petición mínima es de 1.000 euros y las cantidades superiores deben ser múltiplos de esa cifra.

La participación de los hogares españoles en este mercado tuvo un movimiento llamativo en los últimos años. En agosto de 2024, las familias acumulaban un récord de 27.448 millones de euros en letras del Tesoro, según los datos del Banco de España, atraídas por rentabilidades cercanas al 4%. Desde entonces, su tenencia ha caído 16 meses consecutivos y cerró 2025 en 19.071 millones, un 25% menos interanual. Los inversores extranjeros han ocupado ese hueco: a finales de 2025 acaparaban 33.380 millones, un 64% más que el año anterior. El minorista español llegó tarde al pico y se está retirando justo cuando las rentabilidades vuelven a subir.

En cuanto a fiscalidad, los rendimientos de las letras tributan como rendimientos del capital mobiliario en la base del ahorro del IRPF, con tipos del 19% al 28% según el tramo, igual que los intereses de un depósito. Hacienda no aplica retención en origen al vencimiento, así que el ahorrador es quien declara la ganancia en la renta del año siguiente.

La letra del Tesoro es un instrumento sencillo, pero su nombre concreto a veces confunde, sobre todo cuando se busca con el plazo a la cabeza. Conviene aclararlo antes de seguir.

El bono español a 6 meses

El «bono español a 6 meses» no existe en sentido estricto. El instrumento que el Tesoro Público español emite a ese plazo es una letra del Tesoro, no un bono. La distinción no es semántica: define el funcionamiento del producto. Los bonos del Estado se emiten a 3 y 5 años, las obligaciones a 10, 15 y 30, y las letras agrupan los plazos cortos: 3, 6, 9 y 12 meses. Lo que la mayoría de la gente busca al teclear «bono a 6 meses» es exactamente eso, la letra del Tesoro de medio año.

¿Por qué se mantiene la confusión? Por costumbre. Durante décadas, el ahorrador español ha llamado «bono» a cualquier título de deuda pública, y los buscadores reflejan ese uso popular. Aclarado el nombre, lo que importa es para qué sirve esa letra concreta y cómo se está comportando ahora en el mercado.

En la subasta del 5 de mayo de 2026, la letra a 6 meses se adjudicó a un tipo medio del 2,35%, ligeramente por debajo del 2,36% que pagó en abril. Mientras, la letra a 12 meses subía del 2,61% al 2,635% en el mismo periodo. Esa divergencia revela algo concreto: el plazo de 6 meses refleja con más fidelidad el tipo de intervención actual del BCE, mientras que el de un año ya incorpora las subidas que el mercado descuenta para los próximos meses.

¿Para quién tiene sentido la letra a 6 meses? Para quien quiere aparcar liquidez durante un plazo corto sin renunciar a rentabilidad y sin asumir un riesgo de tipos elevado si tuviera que vender antes. En seis meses, los movimientos del precio en el mercado secundario son menores que en plazos más largos, y el dinero vuelve a estar disponible a tiempo para reevaluar el escenario. A ese tipo medio del 2,35%, una letra de 1.000 euros se adquiere por aproximadamente 988 euros y al vencimiento devuelve los 1.000 íntegros.

Ese tipo de adjudicación, sin embargo, no lo fija el Tesoro: sale de la subasta. Y entender la mecánica del precio cambia bastante el sentido de lo que estás comprando.

Letras del Tesoro: cómo se forma el precio

El precio de una letra no es una cifra que el Tesoro Público publique antes de cada emisión. Se decide en la subasta, en función de lo que estén dispuestos a aceptar los inversores que pujan ese día. Conocer cómo funciona ese mecanismo evita sorpresas y permite entender por qué dos inversores pueden acabar pagando precios distintos por la misma letra emitida el mismo martes.

Existen dos formas de participar en una subasta del Tesoro. La petición competitiva la utilizan casi exclusivamente inversores institucionales: el participante indica el precio exacto que está dispuesto a pagar por cada 100 euros de valor nominal, y el Tesoro acepta las ofertas más altas hasta cubrir el objetivo de emisión. La petición no competitiva, mucho más habitual para el ahorrador particular, consiste en comprar al precio medio que resulte de la subasta sin asumir el riesgo de quedarte fuera por haber ofertado demasiado bajo.

De ahí salen dos cifras que conviene distinguir. El tipo marginal es la rentabilidad correspondiente a la oferta más baja aceptada en la subasta, la última que entró; el tipo medio es la media ponderada de todas las adjudicaciones. En la subasta del 5 de mayo de 2026, la letra a 12 meses tuvo un tipo medio del 2,635% y un tipo marginal del 2,651%; la letra a 6 meses, un tipo medio del 2,35% y un marginal del 2,389%. Si compras de forma no competitiva, te aplican el tipo medio; si lo haces de forma competitiva y ganas la puja, te aplican el precio que ofertaste.

Una vez emitida la letra, su precio no se queda fijo: cotiza en el mercado secundario, donde los inversores intercambian estos títulos antes de su vencimiento. Y ahí entra la regla básica de la renta fija: cuando los tipos de mercado suben, el precio de los títulos ya emitidos cae, porque las nuevas emisiones ofrecen rentabilidades más atractivas. Si compraste una letra al 2,35% y al mes siguiente el Tesoro coloca letras al 2,60%, tu título cotiza por debajo del precio al que lo pagaste. Si la mantienes hasta vencimiento, recibes los 1.000 euros íntegros y la cotización intermedia no te afecta. Si la vendes antes, sí.

Esta dinámica explica por qué los profesionales interpretan los movimientos del precio de la deuda como un termómetro de las expectativas de tipos. Y por qué la pregunta clave no es tanto a qué precio se compra una letra hoy, sino a través de qué canal accedes a esa compra.

Cómo comprar bonos del Estado paso a paso

Existen tres caminos para comprar bonos del Estado en España, y el coste entre ellos puede variar más de lo que parece. La diferencia entre la opción más cara y la más barata puede comerse fácilmente medio punto porcentual de la rentabilidad, algo que en renta fija con cupones contenidos no es ningún detalle.

La primera vía es la cuenta directa en el Banco de España, que se gestiona telemáticamente a través de la web del Tesoro Público (tesoro.es) o presencialmente con cita previa. Es la opción más barata: no aplica comisión por compra, custodia ni mantenimiento. Solo cobra una comisión del 0,15% sobre el importe transferido cuando se abona el principal al vencimiento, con un mínimo de 0,90 euros y un máximo de 200 euros, según la normativa publicada por el Banco de España. Para una inversión de 5.000 euros, esa comisión supone 7,50 euros al final del plazo.

La segunda vía es tu banco habitual. La mayoría de entidades, Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Bankinter, ING,  permiten participar en las subastas a través de su banca online. La ventaja es la comodidad. La desventaja, las comisiones: aplican habitualmente entre un 0,20% y un 0,30% de intermediación, y algunas añaden custodia o amortización. Sobre 5.000 euros en letras a 12 meses al 2,635%, una comisión del 0,30% supone 15 euros y reduce la rentabilidad efectiva en torno a 0,30 puntos.

La tercera vía es un bróker especializado, normalmente con tarifas más ajustadas que la banca tradicional. Algunas plataformas aplican comisiones desde el 0,10% para letras y bonos. Los brókeres también dan acceso al mercado secundario, donde puedes comprar títulos ya emitidos con vencimientos intermedios sin esperar a la próxima subasta. Es la opción más flexible si quieres montar una escalera de bonos con plazos a medida.

Sea cual sea la vía, los pasos operativos son los mismos: revisar el calendario de subastas publicado por el Tesoro, decidir el plazo y el importe (mínimo 1.000 euros, múltiplos de esa cifra), enviar la petición antes de la fecha límite y realizar la transferencia al Banco de España con el número de boletín correspondiente. Una vez celebrada la subasta, el sobrante, si el precio final fue inferior al depósito previo,  se devuelve en pocos días.

Esa cuenta directa en el Banco de España merece una explicación aparte, porque es la ruta que más utiliza el ahorrador conservador que quiere prescindir de intermediarios y maximizar lo que efectivamente se queda.

Comprar letras del Tesoro en el Banco de España: ventajas y limitaciones

Comprar letras del Tesoro directamente en el Banco de España es la ruta del ahorrador que quiere prescindir de intermediarios. Ni tu banco habitual, ni bróker, ni fondos: tú y el emisor. Esa simplicidad tiene ventajas reales en coste y limitaciones operativas que conviene conocer antes de elegir este canal.

La operativa se canaliza a través del sistema de cuentas directas del Banco de España. Conviene entender qué es esto: una cuenta de valores, no de efectivo. No tiene IBAN, no permite mantener dinero y solo sirve para custodiar los títulos del Tesoro que adquieres. La apertura puede hacerse online a través del Servicio de Compra y Venta de Valores en tesoro.es, para lo que necesitas Cl@ve, certificado digital o DNI electrónico,  o presencialmente en cualquier sucursal del Banco de España, siempre con cita previa. Solo pueden ser titulares personas físicas o jurídicas residentes en España.

La ventaja económica es directa: no se aplica comisión por compra, custodia, apertura ni mantenimiento de la cuenta directa, según las tarifas publicadas por el Banco de España. La única comisión es la del 0,15% sobre el importe transferido cuando se abona el principal al vencimiento o se cobran cupones, con un mínimo de 0,90 euros y un máximo de 200 euros. Además, las letras a 6 y 12 meses se pueden reinvertir automáticamente al vencimiento, sin necesidad de presentar una nueva petición en cada subasta. Para quien planifica una escalera de plazos cortos, esa función ahorra trámites.

Las limitaciones son tres y conviene tenerlas claras. La primera: el Banco de España no participa en el mercado secundario. Si quieres vender una letra antes de su vencimiento, tienes que ordenar al Banco de España que transfiera los valores a una entidad gestora del turno rotatorio para que los negocie por ti, lo que añade pasos y plazos. La segunda: para la apertura presencial, la cita previa puede tardar, especialmente en momentos de alta demanda. La tercera: solo está disponible para residentes en España, y la titularidad de la cuenta directa debe coincidir exactamente con la de la cuenta bancaria de abono.

Hay también un detalle fiscal que merece atención. La comisión del 0,15% que aplica el Banco de España al amortizar las letras no aparece reflejada en el borrador de la Renta, así que conviene revisar y ajustar manualmente el rendimiento declarado antes de confirmar el borrador. Es una corrección pequeña en términos de euros, pero te ahorra pagar impuestos sobre una rentabilidad que no has recibido.

La cuenta directa en el Banco de España encaja para el inversor conservador con horizonte definido y voluntad de mantener hasta el vencimiento. Para quien necesita mayor flexibilidad, acceso al mercado secundario o quiere integrar la renta fija pública dentro de una cartera diversificada con otros activos, la pregunta deja de ser técnica y pasa a ser estratégica.

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