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Cómo invertir en renta fija

Nextep Finance28 de julio de 202626 min de lectura
Cómo invertir en renta fija

En 2022 mucha gente descubrió algo incómodo: su fondo de renta fija, el conservador, el que estaba ahí precisamente para no dar sustos, perdía valor mes tras mes. La pregunta que llegó a todas las oficinas fue la misma. Si la renta es fija, ¿cómo puede bajar?

La respuesta está en el nombre, que promete más de lo que dice. «Fija» describe el calendario de cobros del título: cuánto paga, cuándo lo paga y cuándo devuelve el dinero. No describe lo que vale esa inversión mientras tanto.

Para entender cómo invertir en renta fija, merece la pena conocer primero el mecanismo completo, porque la renta fija es la mitad del mundo de la inversión y, probablemente, una de las que peor se explica. Vamos a ver qué es exactamente, qué productos existen, qué emite el Tesoro español, cómo y dónde se negocian estos títulos, por qué su precio se mueve y qué hace subir o bajar un fondo de renta fija.

Qué es la renta fija

Comprar renta fija es prestar dinero a un emisor a cambio de un calendario de pagos conocido de antemano.

El emisor puede ser un Estado, una comunidad autónoma, un organismo público o una empresa. Necesita financiación, la pide al mercado y emite títulos que reconocen esa deuda. Quien los compra pasa a ser acreedor de esa entidad.

Cuatro elementos definen cualquier título de renta fija:

  • El emisor. Quien pide el dinero y quien tiene que devolverlo. De su capacidad de pago depende que el calendario se cumpla.

  • El nominal. El importe sobre el que se calculan los intereses y que se devuelve al final. Es la referencia contractual del título.

  • El cupón. El interés que paga el emisor, con la periodicidad establecida. Puede ser fijo, variable o inexistente, como veremos en la sección de productos.

  • El vencimiento. La fecha en que el emisor devuelve el nominal y el título se extingue.

La diferencia con la renta variable está en la posición que ocupas. Quien compra acciones se convierte en socio: participa de los beneficios si los hay y asume las pérdidas si vienen. Quien compra un bono se convierte en acreedor: tiene derecho a cobrar lo pactado con independencia de que al emisor le vaya bien o regular, y cobra antes que los accionistas si las cosas se tuercen de verdad. A cambio, no participa en el éxito. Si la empresa duplica beneficios, el bonista sigue cobrando su mismo cupón. De ahí que las dos ocupen papeles distintos a la hora de decidir qué porcentaje del dinero va a cada una.

Y ahora el equívoco que sostiene todo el post.

El calendario de pagos es fijo. El valor de tu inversión, no.

Si mantienes el título hasta el vencimiento y el emisor cumple, cobras exactamente lo pactado y el nombre resulta acertado. Pero un bono se puede vender antes de que venza, y entonces cobras lo que el mercado esté dispuesto a pagar por él ese día. Ese precio se mueve, a veces bastante, por razones que veremos en la sección de precio y TIR.

De ahí que la renta fija tenga dos riesgos distintos, y conviene separarlos porque se confunden a menudo.

El riesgo de crédito es que el emisor no pague, ni los cupones ni el nominal. Depende de la solvencia de quien emite.

El riesgo de tipo de interés es que el precio del título caiga mientras lo tienes, aunque el emisor sea impecable y cumpla cada pago en su fecha. Depende del mercado, no del emisor.

Lo que pasó en 2022 fue lo segundo, no lo primero. Ningún Estado europeo dejó de pagar. Lo que cambió fue el precio al que se compraban y vendían sus bonos, y eso se trasladó al valor liquidativo de los fondos que los tenían en cartera.

Productos de renta fija

Bajo la etiqueta de renta fija caben instrumentos que se parecen poco entre sí. Ordenarlos por cuatro criterios ayuda, porque cualquier título concreto se define combinando uno de cada.

Quién emite

Deuda pública. Emitida por Estados, y también por comunidades autónomas, ayuntamientos y organismos públicos. En el ámbito supranacional emiten instituciones como el Banco Europeo de Inversiones o la propia Unión Europea.

Deuda corporativa. Emitida por empresas para financiarse sin acudir al crédito bancario ni ampliar capital.

Deuda con garantía específica. Un grupo intermedio donde el título está respaldado por una cartera concreta de activos. Las cédulas hipotecarias, respaldadas por la cartera de préstamos hipotecarios de una entidad, y las titulizaciones, donde un conjunto de créditos se empaqueta y se emiten títulos sobre él, son los casos más habituales.

A qué plazo

Corto plazo, hasta doce o dieciocho meses. Aquí están las letras del Tesoro y los pagarés de empresa. Es el terreno del mercado monetario.

Medio plazo, habitualmente de dos a cinco años. Es lo que en España se denomina bonos.

Largo plazo, de más de cinco años. En la nomenclatura española, obligaciones. Hay emisiones a treinta y a cincuenta años, y algunos emisores han llegado a emitir deuda perpetua, sin fecha de devolución del nominal.

El plazo importa por algo más que la espera. Como veremos en el apartado de precio y TIR, cuanto más lejos está el vencimiento, más se mueve el precio del título ante un cambio de tipos.

Cómo paga

Cupón fijo. El emisor paga un porcentaje del nominal con periodicidad establecida, habitualmente anual o semestral, y ese porcentaje no cambia en toda la vida del título. Es la estructura clásica.

Cupón cero. No hay pagos intermedios. El título se emite por debajo de su nominal y al vencimiento se devuelve el nominal completo. La diferencia entre lo que pagaste y lo que cobras es el rendimiento. Las letras del Tesoro funcionan así.

Cupón flotante. El cupón se recalcula periódicamente sobre una referencia de mercado, típicamente el euríbor, más un diferencial fijo. Lo que permanece constante es el diferencial, no el cupón.

Ligada a la inflación. El nominal, y con él el cupón, se ajustan según la evolución de un índice de precios. El Tesoro español emite deuda de este tipo, indexada a la inflación de la zona euro.

En qué lugar de la cola

Si el emisor tiene problemas, no todos los acreedores cobran a la vez. Ese orden es una característica del título tan definitoria como el cupón.

Deuda senior. La que ocupa las primeras posiciones en el orden de cobro.

Deuda subordinada. Cobra después de la senior, y solo si queda con qué.

Instrumentos híbridos. Combinan rasgos de deuda y de capital. Los bonos convertibles pueden transformarse en acciones bajo determinadas condiciones. En el sector bancario existen los llamados bonos contingentes convertibles, que convierten o absorben pérdidas automáticamente si el capital de la entidad baja de un umbral pactado.

¿Qué es la calificación crediticia o rating de un bono?

La calificación crediticia, también conocida como rating, es la valoración que realizan agencias especializadas sobre la capacidad de un emisor para devolver el dinero prestado y cumplir con el pago de sus obligaciones financieras. Esta calificación se expresa mediante una escala de letras y ayuda a los inversores a estimar el riesgo de impago de un bono o de otro instrumento de renta fija.

Las agencias de calificación publican su opinión sobre la capacidad de pago de un emisor o de una emisión concreta, expresada en una escala de letras. El mercado divide esa escala en dos bloques: grado de inversión por encima de cierto umbral y alto rendimiento por debajo, este último conocido también por su nombre inglés, high yield.

Conviene saber qué es exactamente esa letra. Es la opinión de una empresa privada sobre la probabilidad de que alguien pague, no una garantía ni una verificación oficial. Las agencias revisan sus calificaciones y las cambian, a veces con retraso respecto a los hechos, y buena parte de la regulación financiera se apoya en ellas de todos modos.

La renta fija española

El emisor de referencia en España es el Tesoro Público, que financia al Estado emitiendo tres tipos de valores. Los tres son deuda del Estado y se representan mediante anotaciones en cuenta, sin título físico.

Letras del Tesoro

Corto plazo, con emisiones a 3, 6, 9 y 12 meses. No pagan cupón: se emiten al descuento, es decir, por un precio inferior a los 1.000 euros de nominal que se devuelven al vencimiento, y esa diferencia es el rendimiento. En determinadas condiciones de mercado pueden emitirse también a premio, por encima del nominal.

Bonos del Estado

Medio plazo, con vencimientos originales de hasta cinco años. Pagan un cupón anual y devuelven el nominal al vencimiento.

Obligaciones del Estado

Largo plazo, con la misma mecánica que los bonos y plazos más amplios. Son obligaciones todos los vencimientos superiores a cinco años, y las emisiones habituales van de siete a treinta, con alguna emisión a cincuenta.

Bonos y obligaciones funcionan exactamente igual. Lo único que los separa es el plazo.

El Tesoro emite además deuda indexada a la inflación, en la que el nominal se ajusta según la evolución de los precios en la zona euro, de modo que el cupón se calcula cada año sobre un nominal actualizado.

En los tres casos el nominal de cada título es de 1.000 euros, y el importe mínimo de cada petición es también de 1.000 euros, con peticiones superiores en múltiplos de esa cifra.

Cómo se emite: la subasta

El Tesoro coloca su deuda mediante subastas, con calendario publicado por adelantado. Las de letras se celebran generalmente los martes, y las de bonos y obligaciones el primer y el tercer jueves de cada mes.

Se puede pujar de dos maneras.

Petición competitiva. Indicas el precio o el tipo al que estás dispuesto a comprar. Si tu puja queda dentro de lo adjudicado, compras. Si te pasas de exigente, te quedas fuera.

Petición no competitiva. No indicas precio: aceptas el precio medio ponderado que resulte de la subasta. Es la vía habitual del inversor particular, porque no requiere formar una opinión sobre a qué tipo debería colocarse la emisión. Cada suscriptor puede presentar una sola petición no competitiva por valor, y su importe no puede superar, con carácter general, los cinco millones de euros.

La resolución ordena las peticiones, fija un precio marginal a partir del importe que el Tesoro decide adjudicar, y calcula un precio medio ponderado con las competitivas aceptadas. Las no competitivas se adjudican a ese precio medio, salvo que el tipo de interés medio resulte negativo, en cuyo caso no llegan a adjudicarse.

Cómo se compra

Hay dos caminos:

A través de una entidad financiera, banco o intermediario, que tramita la petición en la subasta o compra los títulos en el mercado secundario. Aplica sus comisiones.

A través de Cuenta Directa, el servicio del propio Tesoro que permite operar sin intermediario bancario. No aplica comisión por la compra, la custodia ni la apertura y mantenimiento de la cuenta. Sí existe una comisión sobre las transferencias que el Banco de España envía para abonar amortizaciones e intereses de bonos y obligaciones, del 1,5 por mil, con un mínimo de 0,9 euros y un máximo de 200 euros.

Conviene tener claro el alcance de esta vía: por Cuenta Directa se compra en subasta, es decir, en el momento de la emisión. Para comprar títulos ya emitidos hace falta acudir al mercado secundario a través de un intermediario, que es de lo que va la sección siguiente. Y para vender antes del vencimiento, otro tanto: el Banco de España no opera en el secundario por cuenta de sus clientes, así que hay que traspasar los valores a otra entidad gestora.

La deuda corporativa española

Junto a la deuda del Estado, las empresas españolas emiten sus propios títulos: pagarés a corto plazo, bonos y obligaciones a plazos mayores, y las entidades financieras emiten además cédulas hipotecarias. Estas emisiones se negocian en AIAF, el mercado español de renta fija privada, y las empresas medianas disponen del MARF, un mercado alternativo con requisitos de acceso más ligeros, diseñado para compañías que no encajan en el mercado principal.

Mercado primario y mercado secundario de renta fija

Un título de renta fija vive dos etapas, y conviene no confundirlas porque el dinero circula en direcciones distintas.

En el mercado primario nace el título. El emisor coloca la emisión, los inversores pagan, y ese dinero va a la caja del emisor. Es lo que ocurre en cada subasta del Tesoro. Además de la subasta, los emisores grandes utilizan la colocación sindicada, en la que un grupo de bancos se encarga de distribuir la emisión entre inversores institucionales.

En el mercado secundario el título cambia de manos. Un inversor vende y otro compra, y el dinero va del segundo al primero. El emisor no recibe nada ni participa: sigue debiendo lo mismo, a quien sea que tenga el título ese día.

El secundario hace dos trabajos que sostienen todo lo demás. Da liquidez, porque permite deshacer una posición antes del vencimiento. Y forma precio, porque de la negociación sale la referencia de cuánto vale hoy cada emisión. Ese precio es el que usan los fondos para valorar su cartera, y es la razón por la que un fondo de renta fija se mueve a diario aunque ninguno de sus bonos venza en años.

¿Dónde se negocia la renta fija en España?

La infraestructura la opera BME, y se reparte en varios mercados y plataformas.

AIAF es el mercado regulado de referencia en España para renta fija, con deuda pública y corporativa: bonos soberanos, bonos de empresa, pagarés, cédulas, titulizaciones y deuda híbrida. Al ser mercado regulado oficial, está supervisado y sujeto a requisitos de transparencia.

SENAF es la plataforma mayorista, reservada a inversores institucionales.

SEND es la plataforma electrónica orientada al inversor minorista. BME la creó a través de AIAF en 2010, y funciona con un libro de órdenes único y centralizado con prioridad de precio y tiempo, de forma parecida a como opera la bolsa. Permite comprar y vender deuda del Estado, letras, bonos y obligaciones, además de emisiones corporativas y de administraciones públicas dirigidas al pequeño ahorrador.

MARF es el mercado alternativo para empresas de tamaño mediano y pequeño, dirigido a inversores institucionales.

La liquidación y el registro de las operaciones los realiza Iberclear.

¿Por qué la renta fija no se negocia igual que la bolsa?

Quien viene de comprar acciones se encuentra con un funcionamiento distinto, y merece la pena saber por qué antes de dar la primera orden.

Una empresa tiene una acción y muchos bonos. Telefónica tiene un único tipo de acción cotizada. En cambio, puede tener docenas de emisiones vivas al mismo tiempo, cada una con su cupón, su vencimiento y su prelación de cobro. La negociación se reparte entre todas ellas, así que cada referencia concreta se cruza mucho menos que una acción.

Buena parte del mercado es bilateral. Junto a la negociación electrónica en libro de órdenes, mucha operativa se cierra mediante acuerdos directos entre entidades, que después se comunican al mercado. Es lo que se conoce como negociación por petición de precio, o RFQ por sus siglas inglesas.

Las horquillas son más anchas. La diferencia entre el precio al que puedes comprar y aquel al que puedes vender en un mismo instante suele ser mayor que en una acción líquida, y se ensancha cuanto menos negociada esté la referencia.

Los importes son grandes. El mercado mayorista trabaja con volúmenes muy por encima de lo que maneja un particular, lo que condiciona el acceso.

Dos convenciones que despistan al principio:

El precio se expresa en porcentaje del nominal. Un bono que cotiza a 98,40 vale ese porcentaje de su nominal. Cien es «a la par», por encima se dice que cotiza con prima y por debajo con descuento.

El precio que ves no es todo lo que pagas. Los cupones se devengan día a día, aunque se paguen una vez al año. Quien compra un bono a mitad de camino entre dos cupones paga al vendedor la parte proporcional que este ha generado y no ha cobrado. Es el cupón corrido, y se suma al precio cotizado para obtener el importe efectivo de la operación.

¿Qué relación existe entre el precio de un bono, el cupón y la TIR?

Aquí está el mecanismo que explica todo lo demás. Merece la pena ir despacio, porque una vez se entiende, la sección siguiente cae sola.

El cupón queda congelado el día de la emisión. El mercado, no.

Imagina un bono a diez años con nominal de 1.000 euros y cupón del 2%. Cada año paga 20 euros y al final devuelve los 1.000. Ese contrato no cambia nunca.

Pasa un año y los tipos de interés suben. Las emisiones nuevas del mismo emisor y al mismo plazo salen pagando el 4%, es decir, 40 euros anuales por cada 1.000.

Ahora tienes que vender tu bono. ¿Quién va a pagarte 1.000 euros por un título que reparte 20 al año, pudiendo pagar esos mismos 1.000 por uno que reparte 40?

Nadie. Tu bono solo encuentra comprador si baja de precio. Y baja hasta el punto en que el comprador, sumando los cupones que va a cobrar y la diferencia entre lo que paga hoy y los 1.000 euros que recibirá al vencimiento, obtenga aproximadamente ese 4% que ofrece el mercado.

Ese es el mecanismo completo. Cuando los tipos de interés suben, los precios de los bonos ya emitidos bajan. Y cuando los tipos bajan, suben. Es una relación inversa, y no responde a ningún estado de ánimo del mercado: es aritmética. El cupón no se puede ajustar, así que se ajusta el precio.

Qué es la TIR

De ahí sale el indicador que de verdad importa cuando compras un bono en el mercado secundario.

La TIR, o tasa interna de retorno, también llamada rentabilidad a vencimiento, es el tipo de interés que obtienes si compras el bono al precio de hoy y lo mantienes hasta el final cobrando todos sus flujos. Recoge dos cosas a la vez: los cupones que vas a ir cobrando y la diferencia entre el precio que pagas y el nominal que te devolverán.

Por eso el cupón y la TIR son cosas distintas y se confunden continuamente.

El cupón es una cláusula del contrato. Fijo, conocido, inmutable, y referido siempre al nominal.

La TIR es una medida de mercado. Se mueve cada día con el precio, y es lo que realmente vas a obtener según el momento en que compres.

La relación entre ambos es mecánica. Si compras un bono por debajo de su nominal, cobras los mismos cupones habiendo puesto menos dinero, y además recuperas el nominal completo al vencimiento: la TIR es superior al cupón. Si lo compras por encima del nominal, ocurre lo contrario, porque al vencimiento te devuelven menos de lo que pagaste: la TIR queda por debajo del cupón. Y si lo compras exactamente a la par, ambos coinciden.

La TIR lleva además un supuesto implícito que conviene conocer: da por hecho que cada cupón cobrado se reinvierte al mismo tipo hasta el vencimiento. En la práctica los cupones se reinvierten a los tipos que haya en ese momento, así que la rentabilidad finalmente obtenida puede diferir algo de la TIR calculada el día de la compra.

Dos consecuencias:

El plazo amplifica el efecto. Un cambio de tipos afecta a todos los flujos futuros del bono. Uno que vence dentro de un año tiene pocos flujos pendientes y su precio se mueve poco. Uno que vence dentro de treinta arrastra tres décadas de cupones y un nominal muy lejano, y ante el mismo movimiento de tipos su precio se mueve mucho más. Esta idea, medida con precisión, es la duración, y es el eje de la sección siguiente.

Si llegas al vencimiento, la caída de precio no se materializa. Este punto es el que más tranquiliza a quien acaba de descubrir lo anterior. Un bono que compraste a 1.000 euros y hoy cotiza a 880 te seguirá pagando sus cupones y te devolverá los 1.000 euros el día del vencimiento, siempre que el emisor cumpla. Esa cotización de 880 dice lo que vale hoy en el mercado, no lo que vas a cobrar tú. La pérdida solo se hace real si vendes antes.

Retén esta última idea, porque la sección siguiente empieza justamente ahí: un bono tiene vencimiento y un fondo de renta fija no lo tiene.

¿Cuándo suben los fondos de renta fija?

Esta es la pregunta que trajo aquí a la mayoría de la gente, y tiene una respuesta precisa. Empieza por una diferencia que lo condiciona todo.

Un bono vence. Un fondo de renta fija, no.

Si compras un bono y lo mantienes, llega un día en que el emisor te devuelve el nominal y se acabó la historia. Las caídas de precio por el camino no llegan a materializarse.

Un fondo no tiene esa fecha. Mantiene una cartera de bonos con un perfil de plazos determinado, y a medida que sus títulos se acercan al vencimiento los va vendiendo o cobrando y reinvirtiendo en otros nuevos. La cartera se renueva de forma permanente. No existe un momento en el que el fondo «llegue a su vencimiento» y devuelva a nadie un nominal pactado.

Por eso el valor liquidativo de un fondo refleja, cada día, el precio de mercado de los bonos que tiene dentro. Con eso ya podemos responder a la pregunta.

Los dos motores del valor liquidativo

El devengo. Los bonos de la cartera van generando sus intereses día a día, y eso se incorpora al valor liquidativo de forma continua. Este motor siempre suma, mientras los emisores paguen. Es el suelo lento y constante bajo el que trabaja todo lo demás.

El precio. Los bonos de la cartera se revalorizan o se deprecian según lo que hemos visto en la sección anterior. Este motor suma o resta, y a corto plazo se mueve mucho más rápido que el primero.

Un fondo de renta fija sube cuando la suma de ambos es positiva. Y como el devengo siempre aporta en positivo, la pregunta se concentra en el segundo motor.

La duración

La duración mide cuánto se mueve el precio de un bono, o de toda una cartera, ante un cambio en los tipos de interés. Se expresa en años y funciona como un multiplicador.

La regla práctica: si un fondo tiene una duración de 5, un movimiento de un punto porcentual en los tipos de mercado produce aproximadamente un 5% de variación en su valor, en sentido contrario al del movimiento. Si los tipos suben un punto, el fondo pierde alrededor de un 5% por la vía del precio. Si bajan un punto, lo gana.

Con una duración de 1, ese mismo movimiento produce alrededor de un 1%. Con una duración de 10, alrededor de un 10%.

Es una aproximación, y funciona mejor cuanto más pequeño es el movimiento de tipos, porque la relación entre precio y tipos no es exactamente una línea recta. Esa curvatura tiene su propio nombre técnico, la convexidad, pero para entender el comportamiento de un fondo la duración basta.

La duración de un fondo aparece en su ficha mensual. Es el dato que dice de antemano cuánto puede moverse, y también el que explica por qué dos fondos de renta fija pueden comportarse de forma radicalmente distinta el mismo mes.

Entonces, ¿cuándo sube un fondo de renta fija?

Sube en tres situaciones, que pueden darse a la vez.

Cuando bajan los tipos de interés de mercado. Los bonos en cartera se revalorizan y el efecto se amplifica según la duración del fondo. Es la vía más rápida y la que produce las subidas más grandes.

Cuando se estrechan los diferenciales de crédito. Si el fondo tiene deuda corporativa, hay un segundo componente: la prima adicional que el mercado exige a un emisor privado frente a la deuda pública equivalente. Cuando esa prima se reduce, los bonos de la cartera suben aunque los tipos base no se muevan. Cuando se amplía, ocurre lo contrario.

Cuando simplemente pasa el tiempo. Si los tipos y los diferenciales se quedan quietos, el devengo sigue acumulándose y el valor liquidativo sube por esa vía sola.

Y baja en las situaciones inversas: cuando los tipos suben, cuando los diferenciales se amplían, o cuando algún emisor de la cartera deja de pagar.

¿Qué ocurre con los fondos de renta fija cuando suben los tipos de interés?

Hay un punto final que ordena todo lo anterior y que casi nadie explica.

Cuando los tipos suben, un fondo de renta fija pierde valor de inmediato por la vía del precio. Al mismo tiempo, y en el mismo movimiento, su cartera empieza a reinvertirse a esos tipos nuevos, más altos. El fondo pierde hoy y devenga más a partir de ahora.

Estos dos efectos van en sentidos opuestos y no ocurren al mismo ritmo. La caída de precio es inmediata. La mejora del devengo se acumula año a año. Transcurrido un plazo aproximadamente equivalente a la duración del fondo, la segunda tiende a compensar a la primera.

De ahí que la TIR de la cartera, que las gestoras publican en la ficha, sea el dato más informativo de un fondo de renta fija. Indica el rendimiento que la cartera actual generaría a un horizonte parecido al de su duración si los emisores cumplen. No dice nada sobre lo que ocurrirá el mes que viene, que depende de por dónde se muevan los tipos, y eso no lo sabe nadie.

Lo que sí conviene retener es que la pregunta «cuándo sube un fondo de renta fija» tiene dos respuestas según el plazo con el que se mire. A corto, sube y baja con los tipos y los diferenciales. A un plazo cercano a su duración, lo que manda es la TIR a la que la cartera está invertida.

Vías de acceso a la renta fija

Existen cuatro caminos para tener renta fija en cartera, y funcionan de forma bastante distinta. Lo que sigue describe qué implica cada uno, sin entrar en cuál encaja con quién.

Compra directa de títulos

Compras el bono o la letra y eres titular del papel hasta que venza o hasta que decidas venderlo.

Cómo se opera. En el mercado primario, acudiendo a la subasta a través de un intermediario o de Cuenta Directa. En el secundario, a través de un intermediario que tenga acceso a AIAF o a SEND, o mediante un bróker internacional en el caso de emisiones extranjeras.

Qué implica. Conoces de antemano el calendario de cobros y el importe que recibirás al vencimiento, siempre que el emisor cumpla. El precio se moverá por el camino, y ese movimiento solo se materializa si vendes antes.

Las fricciones. El nominal mínimo condiciona el acceso: 1.000 euros en la deuda del Tesoro, pero muchas emisiones corporativas tienen nominales unitarios de 100.000 euros, pensados para institucionales. Diversificar entre varios emisores exige, por tanto, un patrimonio considerable. Añade la horquilla de compraventa en el secundario, las comisiones del intermediario y la custodia, y el trabajo de reinvertir cada vencimiento por tu cuenta.

La fiscalidad. Los cupones son rendimiento del capital mobiliario y tributan el año en que se cobran. La venta o amortización genera rendimiento que se integra en la base del ahorro.

Fondo de inversión de renta fija

Compras participaciones de un fondo que mantiene una cartera de bonos con una política de inversión definida.

Qué implica. No hay vencimiento ni nominal a recuperar, como veíamos en la sección anterior. Hay un valor liquidativo diario que refleja el precio de mercado de la cartera. La diversificación viene de serie, con decenas o centenares de emisiones, y con importes de entrada mucho menores.

Las fricciones. Una comisión de gestión anual que se descuenta del valor liquidativo. Y la ausencia de un momento pactado en el que recuperar un importe conocido.

La fiscalidad. Si el fondo es de reparto, cada distribución tributa el año en que se cobra. Si es de acumulación, la tributación se concentra en el reembolso. Los detalles están en cómo tributan los fondos de inversión. Y los fondos permiten además el traspaso con diferimiento del artículo 94 de la Ley del IRPF.

ETF de renta fija

Misma lógica de cartera diversificada, envoltorio cotizado, con la operativa propia de un ETF.

Qué implica. Se compra y se vende en bolsa en horario de mercado, con comisiones de intermediación y horquilla. Suele replicar un índice de renta fija.

Las fricciones. Además de las anteriores, los ETF quedan fuera del régimen de traspaso, de modo que cada cambio de producto tributa en el ejercicio.

Fondo con vencimiento definido

Una figura intermedia que conviene conocer porque genera confusión.

Es un fondo que compra una cartera de bonos con vencimientos concentrados en una fecha determinada y la mantiene hasta entonces, momento en el que el fondo se liquida o cambia de política. Suele tener un periodo de comercialización acotado y penalizaciones por reembolso anticipado.

Qué implica. Recupera parte de la lógica del bono individual, con un horizonte y una rentabilidad estimada de partida, dentro de un vehículo diversificado y con la fiscalidad de un fondo.

Las fricciones. La rentabilidad estimada es eso, una estimación, condicionada a que los emisores cumplan y a las comisiones. Y la ventana de suscripción limitada, con coste por salir antes.

Las cuatro variables que separan estos caminos

Vencimiento propio Diversificación Importe de entrada Traspaso

Título individual Sí La que construyas Nominal del título No

Fondo No Alta Bajo Sí

ETF No Alta Precio de una participación No

Fondo con vencimiento Sí, a una fecha Alta Bajo Sí, con matices

Ninguna columna es una puntuación. Son características, y cada una importa o resulta irrelevante según lo que alguien necesite de esa parte de su dinero.

La renta fija tiene el peor nombre del mundo financiero. Promete quietud y entrega un mecanismo que se mueve todos los días, y esa promesa incumplida ha desconcertado a mucha gente que había hecho exactamente lo que se le había recomendado hacer: poner la parte prudente de su dinero en la parte prudente del mercado. Lo que ocurre es que la palabra describe el contrato, no la inversión. El emisor paga lo pactado y el precio del papel fluctúa mientras tanto, y las dos cosas son ciertas a la vez. Entender esa distinción no elimina las fluctuaciones. Sí cambia lo que significan cuando aparecen en un extracto: deja de ser una sorpresa que exige una reacción y pasa a ser un dato que tiene explicación, una duración detrás y un plazo en el que se resuelve.

La información compartida en este artículo bajo ningún concepto representa una recomendación de inversión.

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