En qué se puede hacer una buena inversión: tres activos muy distintos

Hacer una buena inversión debería ser siempre mucho más que perseguir el producto de moda. De hecho, la clave es entender si ese activo encaja contigo. Una buena inversión es aquella que te ofrece una rentabilidad razonable para el riesgo que estás dispuesto a asumir, que tiene unos costes controlados y que mantiene el equilibrio entre lo que ganas y lo que podrías perder. 

Y desde luego, no es una cuestión de intuición, sino de método.

Cuando eliges bien, no buscas solo el máximo rendimiento posible; buscas el rendimiento que tiene sentido para tu vida. Ese que te permite dormir tranquilo, que se ajusta a tu horizonte temporal y que no depende de adivinar el próximo movimiento del mercado. 

Por eso, más que preguntarte ¿qué inversión es la mejor?, la clave está en preguntarte ¿qué inversión es la mejor para mí ahora mismo?

Así que, sí, una buena inversión es una decisión alineada con tu plan, no una apuesta aislada. Y ese matiz lo cambia todo.

¿Qué es una buena inversión?

Una buena inversión no es la que más sube en un momento concreto, ni la que más se repite en conversaciones o redes sociales. Es aquella que encaja con tu situación financiera, tu tolerancia al riesgo y tu horizonte temporal. La rentabilidad importa, por supuesto, pero siempre debe analizarse junto al riesgo asumido y a los costes necesarios para obtenerla.

Invertir bien no consiste en acertar el próximo activo ganador, sino en construir una decisión coherente dentro de un plan más amplio. Eso implica entender qué puede pasar si las cosas no salen como esperabas. ¿Podrías mantener esa inversión si cae? ¿Necesitarías ese dinero antes de tiempo? ¿Te sentirías cómodo con su volatilidad?

Además, una buena inversión tiene que ser comprensible. Si no entiendes de dónde proviene la rentabilidad, qué factores la afectan o qué riesgos asumes realmente, es difícil que puedas tomar decisiones racionales cuando el mercado se mueva. Y los mercados, tarde o temprano, siempre se mueven.

Por eso, más que buscar el producto perfecto, el objetivo debería ser encontrar la combinación adecuada para tu momento vital. Una buena inversión es, en esencia, una pieza que suma estabilidad y crecimiento a tu estrategia general, sin obligarte a asumir riesgos que no necesitas.

¿Es buena inversión una plaza de garaje?

Una plaza de garaje parece, a primera vista, una inversión sencilla: el coste de entrada es bajo, la gestión es mínima y casi todo el mundo conoce a alguien que se saca un extra alquilando una. Esa familiaridad hace que mucha gente la considere una buena idea sin analizarla a fondo. Pero como cualquier activo inmobiliario, funciona bien solo en contextos muy concretos.

La rentabilidad real depende casi por completo de la zona. Un garaje bien situado puede ocuparlo alguien en cuestión de días; uno mal ubicado puede estar meses vacío. Y esa diferencia no solo afecta a lo que ganas, sino a la estabilidad de los ingresos. Además, aunque el mantenimiento sea menor que el de una vivienda, los costes existen: impuestos, comunidad, posibles reparaciones y, por supuesto, la fiscalidad sobre el alquiler, que reduce la rentabilidad final.

El punto clave es entender que una plaza de garaje te expone a un único activo, en una única calle, en un único barrio. Si se da bien, funciona. Si no, no tienes un plan B dentro de la propia inversión. Por eso, en la práctica, una plaza de garaje puede servir como complemento dentro de una estrategia más amplia, pero difícilmente debería ser la base de tu patrimonio.

¿Es buena inversión el oro?

El oro tiene una reputación casi mítica: se le ve como refugio, como protección frente a la incertidumbre y como un activo que nunca falla. Y es cierto que, a largo plazo, el oro ha mantenido su valor mejor que muchas divisas o activos especulativos. Pero eso no significa que sea una inversión perfecta ni que funcione igual para todo el mundo.

El oro destaca por dos cualidades muy concretas:

  • Se mueve distinto a la bolsa, lo que ayuda a estabilizar una cartera.
  • Mantiene valor a largo plazo, especialmente en periodos complicados.

Pero también tiene limitaciones que muchos inversores pasan por alto: no genera ingresos, puede tener movimientos bruscos y, dependiendo de la forma en que lo compres, puede llevar asociados costes de almacenamiento o comisiones. No es esa pieza mágica que soluciona todo; es un activo más dentro del puzzle.

Por eso, el oro encaja mejor como complemento que como protagonista. Aporta estabilidad cuando los mercados se ponen tensos, pero no sustituye a una inversión que genere crecimiento o rentas. Su función, en una estrategia bien construida, es equilibrar, no liderar.

¿Es buena inversión comprar un piso ahora?

Comprar un piso sigue siendo, para mucha gente, la inversión segura por excelencia. Es tangible, se puede alquilar y da la sensación de estabilidad. Y sí, puede ser una buena inversión… pero solo cuando los números acompañan. En 2025, esa parte es más delicada de lo que parece a simple vista.

El atractivo principal está claro: un piso bien comprado puede darte ingresos recurrentes y revalorización a largo plazo. Además, es un activo que conoces, que puedes tocar y que te transmite una confianza que otros instrumentos no generan. Pero eso no quita que tenga límites y riesgos que conviene mirar de frente.

Los problemas aparecen cuando analizas la rentabilidad real, no la teórica. Entre impuestos, comunidad, seguros, posibles reformas y periodos sin inquilino, el rendimiento neto suele quedarse muy por debajo de lo que se comenta en conversaciones casuales. Y a eso se suma la liquidez: si necesitas vender rápido, no siempre puedes hacerlo sin sacrificar precio.

Hoy, con precios tensos en muchas ciudades y tipos de interés todavía relevantes, comprar un piso exige más precisión que nunca. Puede ser una buena decisión si encuentras un precio razonable en una zona con demanda sólida. Pero si entras porque la vivienda siempre sube, puedes terminar con un activo caro, rígido y con más riesgo del que imaginabas.

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