Invertir en divisas: qué es el mercado forex y qué debes saber antes de operar
El mercado de divisas es el mercado financiero más grande del planeta. Ningún otro se le acerca: cada día se mueven en él 9,6 billones de dólares, según la última encuesta trienal del Banco de Pagos Internacionales (abril de 2025). Para ponerlo en perspectiva, eso equivale a negociar varias veces el PIB anual de España… cada 24 horas.
Semejante cifra es también el gancho publicitario favorito de los brókers de forex: mercado gigante, abierto casi siempre, con apalancamiento para multiplicar resultados. Lo que esa publicidad no cuenta es que “invertir en divisas” y “hacer trading en forex” son dos cosas radicalmente distintas, y que la segunda termina mal para la inmensa mayoría de quienes la intentan. Este artículo explica ambas: cómo funciona de verdad este mercado, qué significa operar en él y cuál es la forma sensata de tener divisas en una cartera.
Qué es un mercado de divisas
El mercado de divisas (forex o FX, de foreign exchange) es donde se intercambian unas monedas por otras. A diferencia de la bolsa, no tiene una sede física ni un horario de apertura y cierre: es un mercado descentralizado (OTC, over the counter) donde bancos, empresas e instituciones negocian directamente entre sí, las 24 horas del día de lunes a viernes, rotando entre las plazas de Sídney, Tokio, Londres y Nueva York.
En forex todo se negocia por pares: euro/dólar (EUR/USD), dólar/yen (USD/JPY), libra/dólar (GBP/USD). La primera moneda del par es la divisa base y la segunda la cotizada: si el EUR/USD cotiza a 1,08, significa que un euro compra 1,08 dólares. Comprar el par es apostar a que el euro se fortalece frente al dólar; venderlo, lo contrario. Toda operación en divisas es, por definición, simultáneamente una compra y una venta: no se puede estar alcista en una moneda sin estar bajista en otra. Dos términos más completan el vocabulario básico: el pip, la unidad mínima de variación del precio (en la mayoría de pares, el cuarto decimal), y el spread, la diferencia entre el precio de compra y el de venta, que es donde el intermediario se gana la vida.
Ahora, la pregunta importante: ¿quién mueve esos 9,6 billones diarios? Bancos centrales ejecutando política monetaria, grandes bancos de inversión creando mercado, multinacionales cubriendo el riesgo de cobrar y pagar en monedas distintas, gestoras de fondos ajustando carteras globales y fondos especulativos con equipos de matemáticos y acceso a precios institucionales. El dólar estadounidense está presente en cerca del 90% de todas las operaciones. ¿Y el particular que opera desde el móvil? Una fracción mínima del volumen total. Conviene retener este dato, porque explica casi todo lo que viene en el siguiente bloque: cuando un minorista opera en forex, está sentándose a jugar en la mesa de los profesionales mejor equipados del mundo financiero.
Cómo operar en forex (y por qué casi nadie gana)
Empecemos por la mecánica. Un particular no accede al mercado interbancario real: opera a través de brókers minoristas, casi siempre mediante CFDs (contratos por diferencias), derivados que replican el movimiento del par sin que llegues a poseer divisa alguna. El proceso es sencillo en apariencia: abres cuenta en un bróker regulado, depositas dinero, eliges un par, decides si compras o vendes, fijas el tamaño de la posición y, si tienes algo de prudencia, colocas un stop loss que cierre la operación cuando la pérdida alcance cierto nivel.
La pieza central del invento es el apalancamiento. Desde la intervención de ESMA, el regulador europeo, el máximo permitido para minoristas es de 30:1 en los pares principales: con 1.000 euros de garantía controlas una posición de 30.000. El folleto comercial lo presenta como una ventaja (“multiplica tu capacidad de inversión”); la aritmética lo presenta como lo que es: con apalancamiento 30:1, un movimiento del 3,3% en tu contra elimina el 100% de tu garantía. Y los pares de divisas se mueven ese porcentaje con relativa frecuencia. A esto se suman los costes silenciosos: el spread en cada operación y los swaps o costes de financiación nocturnos por mantener posiciones apalancadas abiertas, que convierten el trading frecuente en una carrera contra tus propios gastos.
¿El resultado? No hace falta especular, porque la normativa europea obliga a cada bróker a publicarlo en su propia web: entre el 70% y el 85% de las cuentas minoristas pierde dinero operando CFDs, según la entidad. Léelo otra vez: es la advertencia legal que acompaña a la publicidad de los mismos brókers que te invitan a operar. Y las razones son estructurales, no mala suerte. Tras costes, el trading de divisas es un juego de suma negativa: lo que unos ganan lo pierden otros, menos la comisión de la casa. El apalancamiento acelera la ruina de quien se equivoca. Y enfrente, recordemos, están los profesionales del bloque anterior, con mejor información, mejores precios y horizontes que no dependen de aguantar la posición hasta el viernes.
¿Significa esto que nadie gana? No: existe una minoría que sobrevive, generalmente con formación, capital, disciplina extrema y muchos años de curva de aprendizaje pagada a precio de mercado. Pero si la pregunta es si operar en forex es una forma razonable de invertir tus ahorros, los datos responden solos. La buena noticia es que existe otra manera de tener divisas en cartera, y de eso va el siguiente bloque.
Cómo invertir en el forex: la diferencia entre especular y tener exposición a divisas
Aquí está el giro que casi ningún artículo sobre forex cuenta: probablemente ya inviertes en divisas sin saberlo. Si tienes un fondo indexado al S&P 500 o al MSCI World sin divisa cubierta, una parte sustancial de tu rentabilidad cada año no la deciden las empresas, la decide el tipo de cambio. En un año en que el dólar se aprecia un 8% frente al euro, tu fondo americano te da esa propina extra; en un año en que se deprecia, te la quita. Eso es exposición a divisas: real, relevante y sin necesidad de abrir cuenta en ningún bróker de CFDs.
Invertir en divisas, en el sentido serio del término, consiste en gestionar esa exposición de forma deliberada en lugar de sufrirla por accidente. Y hay tres maneras de hacerlo. La primera es la asignación de activos internacional: al decidir cuánta renta variable americana, japonesa o emergente tienes en cartera, estás decidiendo simultáneamente tu exposición al dólar, al yen o a las divisas emergentes. La segunda es la decisión de cobertura: muchos fondos y ETFs ofrecen clases con divisa cubierta (las reconocerás por la “H” o “Hedged” en el nombre), que eliminan el efecto del tipo de cambio a cambio de un coste de cobertura, especialmente relevante en renta fija, donde la volatilidad de la divisa puede superar a la del propio activo. La tercera es la posición directa en una divisa concreta mediante fondos y ETFs monetarios denominados en dólares, libras o francos suizos: cobras los tipos de interés de esa moneda y tu rentabilidad final depende del cruce con el euro. Lo explicamos en detalle en nuestro artículo sobre ETFs monetarios.
Fíjate en la diferencia de fondo con el bloque anterior. El trader de forex apalanca 30 veces su dinero para acertar el movimiento del EUR/USD esta semana. El inversor decide qué porcentaje de su patrimonio quiere tener denominado en cada moneda, sin apalancamiento, con horizonte de años y como una pieza más de la construcción de su cartera. El primero juega contra los profesionales; el segundo simplemente diversifica. Mismas divisas, juego completamente distinto.
Cuáles son las principales divisas y su papel en el mercado
Predecir tipos de cambio es de lo más difícil que existe en finanzas. Los propios bancos de inversión, con todos sus recursos, fallan de forma sistemática en sus previsiones de divisas a un año. Por eso tiene más sentido describir qué función cumple cada moneda dentro del mercado y cómo se ha comportado históricamente que señalar cuál conviene comprar.
El dólar estadounidense es la divisa de reserva mundial: está presente en cerca del 90% de las operaciones de cambio globales y tiende a comportarse como activo refugio en momentos de tensión, cuando el capital internacional se desplaza hacia los activos estadounidenses. Para un inversor en euros, buena parte de la exposición al dólar llega de forma natural a través de la renta variable global, sin tomar ninguna decisión específica de divisa.
El franco suizo y el yen japonés son los otros dos refugios clásicos, respaldados por economías acreedoras y estables. El franco, en concreto, lleva décadas apreciándose de forma tendencial frente al euro, a cambio de tipos de interés muy bajos.
En el extremo opuesto se sitúan las divisas emergentes (real brasileño, peso mexicano, lira turca), que ofrecen tipos de interés altos como compensación por un riesgo de depreciación que, con frecuencia, acaba materializándose. El cupón elevado responde a ese riesgo.
El euro, para un inversor español, no es propiamente una inversión: es el punto de partida, la moneda en la que se gasta y, por tanto, la referencia contra la que se mide el comportamiento de todas las demás.
Una cartera global diversificada ya incorpora una cesta de divisas por el simple hecho de invertir en activos de distintos países. La exposición a la divisa, por tanto, está presente en la mayoría de carteras aunque no se haya buscado de forma deliberada.
El mercado de divisas admite dos aproximaciones distintas. Una es el trading apalancado que promociona la publicidad, cuyas estadísticas de pérdidas publican los propios brókers por obligación normativa. La otra entiende la divisa como una dimensión más de la cartera: una exposición que ya está presente en la mayoría de carteras globales y cuya predicción a corto plazo escapa incluso a los grandes bancos de inversión.
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Este artículo tiene carácter informativo y no constituye una recomendación de inversión. Toda inversión conlleva riesgos, incluida la pérdida del capital invertido. Los CFDs son instrumentos complejos con alto riesgo de pérdida rápida de dinero debido al apalancamiento. Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras.

