¿Qué es el drawdown?
Hay dos formas de contar lo que le ha pasado a una inversión. Una es la rentabilidad, que resume el trayecto en una cifra final. La otra es el drawdown, que mide lo que se sufrió por el camino.
El drawdown es la caída desde un máximo anterior hasta el punto más bajo posterior, medida en porcentaje. Es el hueco que se abre entre lo que la cartera llegó a valer y lo que vale después de una caída. Mientras la inversión no vuelva a superar aquel máximo, el drawdown sigue abierto.
Su interés está en que mide una cosa que ningún otro indicador captura: cuánto tuvo que aguantar el inversor. Una rentabilidad anualizada del 8% suena igual de bien tanto si el camino fue plano como si incluyó una caída del 45% por el medio, y esas dos experiencias no se parecen en nada. La segunda es la que hace que la gente venda en el peor momento.
En este artículo describimos qué es el drawdown, cómo se calcula el máximo, por qué recuperar una caída exige más subida de la que la intuición sugiere, y qué mecanismos existen para controlarlo, tanto en operativa de trading como en gestión de carteras, junto con lo que cuesta cada uno de ellos.
Qué es un máximo drawdown y cómo se calcula
El cálculo es simple. Se toma el valor máximo alcanzado por la inversión, se toma el valor mínimo posterior a ese máximo, y se mide la diferencia en porcentaje respecto al máximo.
Un ejemplo. Empiezas con 10.000 euros, la cartera sube hasta 12.500 y después cae hasta 8.125. El máximo desde el que se mide es 12.500, no los 10.000 iniciales. La caída es de 4.375 euros sobre 12.500, es decir, un drawdown del 35%, aunque respecto a tu aportación original solo estés un 18,75% por debajo. El drawdown se mide siempre desde el pico, porque ese es el punto en que el dinero llegó a ser tuyo sobre el papel.
Un máximo drawdown es el mayor de todos los drawdowns registrados en un periodo determinado. Si una cartera ha vivido caídas del 12%, del 28% y del 9% a lo largo de diez años, su máximo drawdown en esa década es el 28%. Es un dato único que resume el peor momento de toda la serie.
Al medirlo aparecen tres fechas, no una: el día del pico, el día del valle y el día en que la inversión recupera el nivel del pico. Entre la primera y la segunda está la caída; entre la primera y la tercera está el periodo completo bajo el agua, que es lo que el inversor vive de verdad. Una caída del 20% que se recupera en cuatro meses y otra del 20% que tarda seis años en recuperarse son el mismo número y dos experiencias incomparables. Por eso, junto al porcentaje, conviene mirar siempre la duración.
Dos detalles técnicos que cambian el resultado y que conviene tener en cuenta al comparar cifras de distintas fuentes:
La frecuencia de los datos. Un máximo drawdown calculado con cierres mensuales sale más pequeño que el calculado con datos diarios, porque los mínimos intramensuales desaparecen del cálculo. Al comparar dos productos hay que asegurarse de que la medición se hizo igual en ambos.
El periodo analizado. El máximo drawdown a cinco años y el máximo drawdown desde el lanzamiento del fondo pueden ser cifras muy distintas. Una serie que no incluya una crisis grande mostrará un máximo drawdown engañosamente pequeño, y eso ocurre sistemáticamente con los productos lanzados después de un desplome.
Hay una última cosa que conviene fijar bien, porque es donde más se malinterpreta el indicador. El máximo drawdown es un dato histórico, no un límite. Dice cuál fue la peor caída que ya ocurrió, y no establece ningún techo para las futuras. Una cartera con un máximo drawdown del 22% en su historia puede perfectamente caer un 40% mañana si las circunstancias cambian. Sirve para dimensionar los riesgos de las inversiones que se han manifestado hasta ahora, no para acotar los que quedan por venir.
¿Por qué recuperar un drawdown cuesta más de lo que parece?
Aquí está la razón de que el drawdown importe tanto, y es puramente aritmética.
Cuando una inversión cae, el porcentaje de subida necesario para volver al punto de partida siempre es mayor que el porcentaje que cayó. El motivo es que la subida se calcula sobre una base menor. Si pierdes el 20%, quedas con 80 euros de cada 100, y para recuperar los 100 necesitas ganar 20 sobre 80, que es un 25%.
La brecha se ensancha rápido a medida que la caída crece:
Una caída del 10% exige una subida del 11,1% para recuperar. Una del 20%, un 25%. Una del 30%, un 42,9%. Una del 40%, un 66,7%. Una caída del 50% exige un 100%, es decir, duplicar. Y una del 70% exige un 233%.
Multiplicar la caída por dos y medio, del 20% al 50%, multiplica por cuatro el esfuerzo de recuperación. Por eso el máximo drawdown funciona como medida de riesgo real: no describe una molestia proporcional, describe un daño que crece de forma acelerada.
A esa aritmética se le suma el tiempo, que es lo que casi nunca aparece en las fichas de producto. Si una cartera necesita un 100% para volver a su máximo y su rentabilidad media histórica ronda el 7% anual, hacen falta alrededor de diez años de comportamiento normal para deshacer la caída. Diez años sin haber avanzado nada respecto al punto en que ya estuviste. El coste del drawdown no está solo en el dinero, está en todo el tiempo de composición que se pierde recuperando terreno ya recorrido.
Hay un tercer efecto, y es el comportamiento. Las decisiones se toman dentro del drawdown, no antes ni después. Sobre el papel es fácil declarar que uno aguantaría una caída del 35%, porque la cifra se lee en frío y en abstracto. Vivirla es otra cosa: son meses de titulares negativos, de saldo en rojo cada vez que se abre la aplicación y de la sensación creciente de que esta vez el mercado no va a volver. Quien vende en ese punto convierte una pérdida temporal en una pérdida definitiva, y además renuncia al tramo de recuperación, que históricamente es rápido en sus primeras fases.
De ahí que el máximo drawdown se use como filtro previo. La pregunta que responde es sencilla de formular y difícil de contestar con honestidad: qué caída podrías atravesar sin tocar nada. Esa respuesta condiciona toda la construcción de la cartera y su perfil de riesgo, más incluso que las expectativas de rentabilidad.
¿Cómo se controla el drawdown?
La pregunta de cómo se controla el drawdown en trading tiene una respuesta distinta a la que se da en gestión de carteras, porque los dos mundos operan con horizontes y herramientas diferentes. Merece la pena describir ambos, porque el contraste explica bastante.
¿Cómo se controla el drawdown en trading?
En operativa de trading, el drawdown se controla con reglas de ejecución. El repertorio es conocido: órdenes de stop que cierran una posición cuando la pérdida alcanza un nivel prefijado, límites de pérdida máxima por operación expresados como porcentaje de la cuenta, límites de pérdida diaria que detienen la operativa cuando se alcanzan, y control del apalancamiento, que multiplica tanto el resultado como la caída.
En el ámbito profesional esos límites llegan a ser contractuales. Las mesas de negociación y las firmas que financian operadores fijan un drawdown máximo diario y otro total, y superarlos supone la retirada del capital asignado. El drawdown deja de ser un indicador y se convierte en una condición de permanencia.
¿Cómo se controla el drawdown en una cartera de inversión?
En gestión de carteras, el drawdown se controla con composición. No hay stops que salten, hay decisiones estructurales tomadas de antemano: qué proporción va a renta variable y cuál a renta fija, qué correlación tienen entre sí los activos incluidos, con qué frecuencia se rebalancea la cartera para devolverla a sus pesos objetivo. Esa arquitectura determina la magnitud de las caídas que la cartera puede llegar a vivir, y está explicada con más detalle en cómo diversificar la cartera de inversiones.
La diferencia de fondo entre ambos enfoques está en el momento de la decisión. Las reglas de trading actúan durante la caída, cortándola en un punto determinado. La composición de una cartera actúa antes, definiendo qué caídas son posibles. Uno reacciona, el otro dimensiona.
Y hay un principio que atraviesa los dos mundos y conviene enunciar sin adornos: todo mecanismo que reduce el drawdown reduce también el retorno esperado. Un stop ajustado corta las pérdidas grandes y también saca de posiciones que habrían recuperado. Menos apalancamiento significa menos caída y menos ganancia. Más peso en activos estables suaviza las oscilaciones y rebaja el rendimiento a largo plazo. No existe una palanca que reduzca las caídas sin cobrar nada por ello, y cualquier propuesta que lo prometa esconde el coste en otro sitio, normalmente en la letra pequeña de un producto estructurado o en una comisión.
La teoría reconoce dos excepciones parciales. La primera es la combinación de activos con comportamientos poco correlacionados, que reduce la oscilación del conjunto sin renunciar en la misma proporción al rendimiento esperado, con una advertencia importante: las correlaciones no son estables, y en las crisis más severas tienden a converger justo cuando más falta haría que no lo hicieran. La segunda aparece cuando se parte de un apalancamiento excesivo. Como el resultado compuesto equivale aproximadamente al rendimiento medio menos la mitad de la varianza, pasado cierto punto cada unidad adicional de apalancamiento resta más por oscilación de lo que suma por rendimiento, y bajarlo mejora a la vez la caída y el crecimiento a largo plazo.
¿Cómo reducir el drawdown en trading?
La búsqueda de cómo reducir el drawdown en una cuenta de trading lleva a un repertorio de técnicas bastante estandarizado. Las describimos, y describimos también lo que cada una cuesta, porque esa segunda parte suele faltar.
Reducir el tamaño de posición. Es la palanca más directa: si cada operación arriesga una fracción menor de la cuenta, una racha de pérdidas hace menos daño al conjunto. Coste: la misma proporción de reducción se aplica a los resultados positivos. Media posición produce medio drawdown y medio beneficio.
Bajar el apalancamiento. El apalancamiento multiplica el movimiento del subyacente en ambas direcciones. Reducirlo comprime las caídas y comprime igualmente las ganancias.
Fijar límites de pérdida por operación y por día. Detienen la sangría en un punto predefinido y evitan la operativa de revancha, que es donde muchas cuentas se hunden. Coste: los límites saltan también en días de mercado ruidoso que habrían terminado en positivo, y la posición cerrada no participa en la reversión posterior.
Diversificar entre instrumentos o estrategias poco relacionados. Las pérdidas de unos se solapan con los aciertos de otros y la curva del conjunto se suaviza. Coste: exige más capital, más seguimiento y una correlación que hay que comprobar de forma periódica, porque cambia.
Reducir la frecuencia operativa. Menos operaciones significan menos exposición acumulada a los costes de transacción y a los errores de ejecución. Coste: menos oportunidades, y en estrategias que dependen del volumen de operaciones para que su ventaja estadística se manifieste, menos operaciones significa un resultado más dependiente del azar.
Reunidas, todas apuntan a lo mismo. Reducir el drawdown es reducir la exposición, y la exposición es lo que produce tanto las pérdidas como los beneficios. Quien busca bajar sus caídas sin tocar sus resultados está buscando algo que no existe.
Hay dos limitaciones más que conviene poner sobre la mesa, porque son las que separan la teoría de lo que ocurre en una cuenta real.
La primera es operativa: un stop no garantiza el precio de salida. En un hueco de apertura o en un mercado sin liquidez, la orden se ejecuta al primer precio disponible, que puede estar muy por debajo del nivel fijado. Los límites funcionan en condiciones normales y fallan precisamente en las anómalas, que son las que generan los drawdowns grandes.
La segunda es más de fondo: si una estrategia tiene esperanza matemática negativa, ninguna técnica de control de drawdown la vuelve rentable. Reducir el tamaño de posición o ajustar los stops alarga el tiempo que tarda la cuenta en agotarse y suaviza la pendiente, sin cambiar el destino. En ese caso el drawdown no es un problema de gestión del riesgo, es el síntoma de que la estrategia no funciona. Y esa distinción, la que separa una mala racha de un método que no tiene ventaja, es la más difícil de hacer desde dentro, porque ambas cosas se ven exactamente igual mientras están ocurriendo.
¿Por qué es importante conocer el drawdown antes de invertir?
El drawdown mide la peor parte del trayecto, y lo hace con una precisión que la rentabilidad anualizada esconde. Su aritmética explica por qué las caídas grandes son desproporcionadamente costosas, y su vertiente psicológica explica por qué tantos inversores abandonan justo en el punto en que la recuperación empieza. Un dato histórico, además, que dimensiona lo que ya pasó sin poner techo a lo que puede venir.
Lo que hace útil el indicador es la pregunta que obliga a formular antes de invertir: qué caída puedes atravesar sin cambiar nada. Esa respuesta define la composición de una cartera con más fuerza que cualquier expectativa de rentabilidad, y es la que conviene tener clara cuando el mercado está tranquilo, porque en mitad de una caída ya no se piensa igual.
El drawdown de una cartera debe entenderse en relación con el riesgo que estás dispuesto a asumir. En Nextep, como asesores financieros independientes registrados en la CNMV, diseñamos y hacemos seguimiento de carteras de fondos y ETF teniendo en cuenta tanto la rentabilidad como el riesgo asumido para conseguirla. Si quieres conocer mejor el riesgo de tu cartera, puedes empezar por nuestra herramienta de análisis de cartera o consultar nuestro servicio de asesoramiento financiero independiente.
La información compartida en este artículo bajo ningún concepto representa una recomendación de inversión.

