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¿Quién tomará el relevo del sector tecnológico?
Como vemos en el gráfico n.º 1, la tecnología ha sido la “reina” en términos de rentabilidad, especialmente a partir del año 2015, que es cuando explota la revolución digital. Luego llega el acelerón de los últimos 12 meses, cuando el mercado empieza a ser consciente de la importancia de la llegada de la inteligencia artificial generativa (IAG) a la economía. Y muy especialmente a sus primeras beneficiarias, que son las empresas tecnológicas.
¿Qué impacto ha tenido la tecnología en la economía?
Gráfico n.º 1: NASDAQ, S&P 500, Dow Jones, Eurostoxx 50 y Nikkei 225 desde 1985
Fuente: Market Screener
Ahora bien, cuando todo el mundo sabe algo, ya está descontado en los precios, así que las preguntas que surgen entre los inversores que entienden que los mercados se basan en la anticipación, serían del tipo: ¿Está ya descontada la revolución digital? ¿Incluida la 4.ª fase, la de la IAG? ¿O la tecnología va a seguir superando al resto de sectores?
Otra pregunta es si dada la ventaja adquirida por la tecnología habrá otros sectores o zonas geográficas que pudieran reducir esa ventaja, en una lógica búsqueda del equilibrio económico. Porque simplemente reducirla podría suponer una fuerte revalorización, dado el tamaño de la misma (ver gráfico n.º 1).
Y estas serían nuestras respuestas:
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No, no pensamos que esté ya descontado todo el impacto de la revolución digital.
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No está descontado todo el impacto de la IAG en las empresas tecnológicas.
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Y donde desde luego no está descontada la llegada de la IAG es en otros sectores de la economía.
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No descartamos en absoluto que se reduzca algo la diferencia de rentabilidad entre la tecnología y el resto de sectores.
¿Sigue siendo rentable invertir en tecnología?
Empecemos por ver si acabó el reinado de las empresas tecnológicas. La mayoría de los analistas llevan años anunciándolo, aunque sin éxito. Es más, la mayoría se apuntaba a que había una burbuja en los precios. Obviamente no valoraron el impacto de la IAG, que muchos consideraban —y todavía consideran— “humo”.
La realidad es que siguen siendo las empresas que más aumentan sus beneficios y las que más suben en bolsa.
Así que no parece que las tecnológicas vayan a abandonar los primeros puestos de la clasificación. Ahora bien, ¿quiénes podrían ser los “consortes” o herederos temporales de la “reina” tecnología?
Nuestra opinión es que tendría que ser alguno que cumpliera una o ambas de las condiciones que analizamos a continuación:
1. Que empiece a valorarse la mejora de la productividad que puede aportarle a un determinado sector la IAG.
La mejora de la productividad es la clave de lo que trae la IAG para el resto de sectores económicos. Fuegos de artificio aparte, a nivel empresarial la llegada de la inteligencia artificial generativa es muy parecida a la llegada de los ordenadores personales. Se trata de un asistente digital muy avanzado que dispara la productividad de la empresa y de las personas.
A partir de ahí, hay que plantearse quién o quiénes pueden sacarle más jugo a los sistemas de inteligencia artificial que, en muchos casos, serán a la medida de cada sector. Y, muy importante, porque el mercado está muy de moda: dónde calará más la idea entre los inversores.
¿Cómo beneficia la IA en la economía?
Un primer ejemplo sería la industria del automóvil. Solo tenemos que ver la apuesta de Tesla por la simbiosis de inteligencia artificial y vehículos. De acuerdo con la propia Tesla y muchos analistas, la conducción semiautónoma va a revolucionar el negocio. Actualmente Tesla ya ofrece un software con el que solo es necesaria la vigilancia del ser humano. Pensemos en el atractivo de este asistente en países donde la gente se pasa horas en las autopistas todos los días.
Además es una tecnología que se puede alquilar a otras empresas. El valor subió un 15 % cuando se supo que China iba a permitir ofrecer dicho servicio en China, donde Tesla tiene 1,6 millones de coches en la carretera y donde podría ofrecer licencias a otros fabricantes. Si los planes de Elon Musk funcionan, los robotaxis y las licencias de conducción autónoma podrían llegar a suponer hasta 2/3 de los ingresos de la empresa.
Pero siendo lo más llamativo este tipo de cambios, hay otros sectores “aburridos” que podrían beneficiarse de la implantación de la IAG. En algunos casos en un plazo no muy largo.
Un ejemplo podrían ser la banca o las compañías de seguros. Empezando porque ambas tienen los recursos necesarios para implantar estos algoritmos en su sistema productivo.
Disminuir el número de oficinas y empleados le ha supuesto a la banca un gran incremento de productividad y, por lo tanto, de los beneficios. Ciertamente hay clientes perjudicados, los de más edad, pero las nuevas generaciones no parecen muy preocupadas. Ni dejan de trabajar con las entidades financieras por este motivo.
Si los bancos no solo sobreviven sino que crecen gracias a la automatización primitiva que tienen actualmente, podemos intuir el salto cualitativo que puede suponer la implantación de la IAG en el sector. Y algo muy parecido se podría decir de las empresas de seguros o los intermediarios financieros. Y los asesores, por cierto.
Pero el tema puede ir mucho más allá. Porque tanto la inteligencia artificial como sus beneficiarios nos van a seguir sorprendiendo. Por ejemplo, un beneficiario inesperado podrían ser las “utilities”, es decir, las empresas de servicios públicos. Concretamente las energéticas.
¿Cuánta energía consume la IA?
La inteligencia artificial es una máquina de consumir energía. Hacen falta 15 megavatios para alimentar una central de datos con 10.000 chips de IAG. Para hacernos una idea del nivel de consumo eléctrico que necesita la IAG, hacen falta 15 megavatios/hora para dar electricidad a 4.950 viviendas durante una hora.
Por eso hasta se está planteando el uso de minicentrales nucleares junto a los gigantescos centros de datos que necesita el desarrollo de la IA. Parece claro que la demanda de energía va a ser brutal. De un entorno así podrían beneficiarse:
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Las “utilities” (especialmente las que tengan mayor capacidad de generación de energía solar o nuclear).
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Los fabricantes de minicentrales nucleares.
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Empresas inmobiliarias que tengan emplazamientos con las características necesarias para instalar este tipo de megacentros de datos.
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Otros.
Ponemos lo de “otros” para insistir en que el tema está abierto, ya que está en sus inicios. Y que seguramente habrá ETF (fondos cotizados que pueden centrarse en subsectores muy particulares de la economía) que nos resulten útiles para estas inversiones. Estaremos muy atentos.
Pero apostar por sectores y subsectores es como apostar a números concretos de una ruleta. El beneficio puede ser muy alto, pero es fácil equivocarse. En el tema de la IAG también se puede apostar simplemente al rojo o al negro, aunque obviamente el beneficio podría ser menor. Pero ha funcionado hasta la fecha. Como apostar por Estados Unidos frente a la indigente digital Europa (ver S&P 500 vs. Eurostoxx 50 en gráfico n.º 1).
A lo mejor se trata de invertir en los países o zonas geográficas que en lugar de hacer como Europa, que se va a centrar en la regulación, se vayan a centrar en la innovación, producción e implementación de la IAG. Y esto no significa solo EE. UU., podría ser también Asia, Japón incluido.
2. Que el precio sea enormemente atractivo y ocurra algo que lo ponga de manifiesto en bolsa.
Otra forma de buscar activos, sectores o países que puedan superar a la tecnología es olvidarse de la tecnología y centrarnos en el precio. Buscar aquello que esté muy barato y además disponga de motor de subida. El viejo planteamiento “precio” vs. “crecimiento”.
¿Cuál es la bolsa más rentable?
Un ejemplo sería la bolsa china, si el país consigue salir del agujero de estancamiento económico, crisis inmobiliaria y aislamiento político en el que está metido. En China hay empresas con alto potencial de crecimiento y precios mucho más baratos que los que hay en Occidente. También en el sector tecnológico.
Otro ejemplo son las pequeñas y medianas compañías norteamericanas. No han estado tan baratas respecto a las grandes desde los años 90. Si se produjera un evento realmente significativo, su destino bursátil podría cambiar radicalmente. Al menos hasta reducir ese enorme agujero de valoración con las grandes.
Ese evento podría ser, por ejemplo, que bajen los tipos de interés en EE. UU. Pero también podría ser una cuestión política, como que un nuevo inquilino en la Casa Blanca decidiera favorecerlas por la vía impositiva o regulatoria.
También tenemos precios históricamente bajos en las economías emergentes si se comparan con las desarrolladas. Ahí el evento que generaría el cambio podría ser, por ejemplo, una subida potente, generalizada y sobre todo sostenida en el precio de las materias primas. Aunque hemos de reconocer que de momento parece poco probable.
No estamos diciendo que estos sean concretamente los herederos de la tecnología. Habrá que ir viéndolo. Incluso habrá que ver si se produce un cambio de liderazgo. Lo que estamos diciendo es que hay que tenerlo en mente y tener preparada una estrategia al respecto, porque en los mercados hay que adelantarse.


