Bonos USA, historia de una profecía auto cumplida

Captura de pantalla 2023 11 02 a las 12.38.27

Fuente de la imagen: El Economista

Artículo escrito por Víctor Alvargonzález para El Economista (18 de octubre de 2023)

Algunos tratados de metafísica dicen que basta desear algo mucho para que se cumpla. Hay que visualizarlo y vivirlo de tal manera que, finalmente, se produce. También lo plantean algunas religiones.

En el mercado de bonos USA también es posible desear algo mucho y que se cumpla. Sobre todo, si cuentas con la ayuda de los especuladores que venden «a corto».

A inicios de 2022 empezaron a subir los tipos de interés de los bonos USA. Era lógico: una oferta monetaria fuera de control, más el efecto rebote de las sanciones a Rusia – que disparó el precio de las materias primas – era la combinación perfecta para que subieran la inflación y los tipos de interés.

En ese escenario lo correcto era evitar los fondos de renta fija como si quemaran e invertir el dinero conservador en fondos monetarios o letras del tesoro de corto plazo, ya que ambos activos se benefician de la subida de tipos.

Algunos incluso recomendamos comprar fondos de inversión que estuvieran «cortos» de bonos, es decir, que apostaran por la caída del precio de los mismos, dado que, cuando suben los tipos de interés de los bonos, cae su precio.

Lo que ya no tiene tanta lógica es la situación actual. La inflación de USA lleva meses bajando, concretamente del 9,1 % al 3,7 % actual. La subyacente también, y de forma ininterrumpida. Del 6,5 % al 4,1 %. Además, la oferta monetaria ha decaído y la Fed ha pasado de «fabricar» dinero a retirarlo del mercado. Y de subir tipos a detener la subida. Estamos justo en el escenario opuesto al que había en 2022, cuando se produjo la gran caída de la renta fija (precio de los bonos), pero en EE.UU. el precio de los bonos, especialmente los de medio y largo plazo, sigue cayendo.

El argumento es que se teme que la inflación repunte. Y es un argumento válido, pues en los mercados no cotiza lo que ocurre, sino la expectativa de lo que la mayoría de los inversores piensa que puede ocurrir.

Pero quienes así piensan y esperan que ocurra tienen una ayuda muy potente: que nunca ha habido tanta gente ni tanto dinero haciendo lo que hicimos nosotros en 2022, es decir, poniéndose «cortos» en bonos (apostando porque baje el precio).

Para un inversor es muy sencillo ponerse corto: compras el fondo o ETF que tiene como actividad hacer exactamente eso y listo. Pero el gestor que hay detrás – o el inversor que lo hace directamente -, tiene que pedir prestado el título en cuestión, en este caso el bono. Normalmente se lo pide a un banco de inversión a cambio de una comisión, para así poder vender algo que no tiene sin tener que comprarlo al contado. Si acierta y baja el valor del bono, se embolsa la diferencia habiendo pagado únicamente una pequeña prima.

Pero esto influye en el mercado, sobre todo cuando el volumen de este tipo de operaciones es históricamente alto, como es el caso, porque, aunque sea un título prestado, es un bono más que se pone a la venta. Así, a los inversores que realmente tienen los bonos y venden por miedo a que repunte la inflación (vendedores de contado), se suman los especuladores que venden a crédito, lo que magnifica la presión vendedora.

Un ejemplo lo tenemos en la crisis que sacó a la libra del sistema monetario europeo (precursor del euro). Los especuladores, capitaneados por George Soros, ejercieron tal presión a la baja que no sólo acabo bajando, sino que bajó tanto que tuvo que salir del SME.

¿Y cómo puede acabar esto? Pues muy sencillo: si efectivamente la inflación repunta habrán acertado los bajistas. Pero si sigue bajando no sólo se habrán equivocado, sino que tendrán que comprar esos títulos que sólo tienen prestados para poder deshacer la posición. Es lo que ocurrió al inicio del año actual con todos los «cortos» que había en bolsa (SP 500).

La clave está en lo que haga la inflación. Si sigue bajando, quienes compren ahora se encontrarán con un cupón muy interesante, más una plusvalía (recuerden, si bajan los tipos sube el precio). Si por el contrario vuelve a subir el nivel de inflación, quienes tienen bonos seguirán sufriendo.

El asunto es muy importante, porque de cómo se sitúe el inversor – o su asesor / gestor – en esa ecuación dependerán en gran medida los resultados de las carteras de fondos en los próximos 12 meses. En España el perfil del inversor es sobre todo moderado y, por lo tanto, tienen mucho mayor peso en las carteras la renta fija y los fondos monetarios que la variable. Y hablamos de bonos USA porque los europeos y los del resto del mundo harán lo que digan los de EE.UU., que es con quienes compiten todos los Estados a la hora de pedir dinero prestado (que es para lo que se utiliza un bono del Estado).

Artículo publicado por El Economista