¿Cuál será el medio de pago que elegirá la inteligencia artificial?
Artículo publicado en elEconomista (25 de Junio 2026)
Sí, han leído bien: el medio de pago del futuro lo «elegirá» la inteligencia artificial (IA). Porque tendrá que ser el que mejor funcione entre agentes de IA. ¿O pensaban que la IA va a estar presente en todo y no va a ser también la que se ocupe de canalizar cobros y pagos?
Y no, este no va a ser un aburrido artículo sobre los bancos centrales. Es un artículo cuyo objetivo es ayudar a detectar uno de los negocios más rentables del futuro. Algo parecido a lo que le ocurrió en su día a quien se dio cuenta del auge de las tarjetas de crédito como medio de pago, pero ahora es algo mayor.
También puede ayudar a determinar el futuro del Bitcoin y otras criptomonedas. No tanto de su existencia, sino determinar cuál será su uso en el futuro y cuánto se utilizarán, lo que a su vez influirá obviamente en su cotización.
La primera condición para que un medio de pago se convierta en el medio de pago del futuro es que sea el mejor para transacciones realizadas un circuito de agentes financieros virtuales basados en la IA. Evidentemente no va a ser un billete físico ni una transferencia bancaria a l uso: será una divisa digital. Aunque eso no significa que no coexista con monedas y billetes físicos. De hecho, es conveniente que se mantengan en vigor.
Otra condición necesaria pare ser ese medio de pago es que sea aceptado por los bancos centrales. Donde manda capitán, no manda marinero. Los políticos no van a perder el control de algo tan importante. El poder es el poder y el sistema es el sistema y, si en algo están de acuerdo políticos de todos los colores, es en mantener el poder. El poder en general y sobre el sistema financiero en particular.
Donde queda la duda es de si conseguirán convencernos- o más bien obligarnos – a utilizar una moneda digital emitida por los bancos centrales (CBDC o «Central Bank Digital Currency»), que es el sueño de cualquier político. Pero es tan evidente que lo que persigue es un control todavía mayor sobre los ciudadanos, que probablemente tengan que buscar algo más fácil de vender.
Habrán visto que descarto el Bitcoin para el puesto de moneda de intercambio global del futuro. Y lo hago precisamente porque su atractivo es que no depende de los bancos centrales y, por lo tanto, tampoco de los políticos. Los políticos nunca aceptarán Bitcoin para esa misión.
Además, tiene el inconveniente de ser muy volátil. Una moneda de uso habitual en el comercio mundial no puede tener oscilaciones de más de un 5 % en un día – o del 70 % en unos meses -, como las que nos tiene habituados el Bitcoin. Lo que sí seguirá siendo es una reserva digital de valor, con el atractivo de seguir siendo independiente de los bancos centrales. Pero eso ya es otra cuestión.
Si pensamos en un medio de pago que acepte el poder y que se les pueda vender a los ciudadanos, los modelos híbridos son los candidatos mejor situados.
De momento, el más avanzado son las llamadas «stablecoins». Son criptomonedas, pero llevan «pegada» una divisa sólida y estable, como puede ser el dólar, el euro o, por qué no en el futuro, un franco suizo o una fracción de una onza de oro. Así habría distintos niveles de solidez y fiabilidad disponibles. De momento, las que funcionan actualmente están pegadas al dólar o a la letra del tesoro norteamericana.
Este «aparejamiento» garantiza que la volatilidad del «coin» no será mayor que la del activo subyacente. Y ya están funcionando, aunque sea a pequeña escala (311.000 M$ es poco si lo comparamos con el volumen actual en dólares o en euros).
Para la población, tienen el atractivo de que son criptos, que suena» moderno» y no lleva el apellido «banco central». También pasan el test de la IA en cuanto a velocidad y digitalización. Para los políticos, tienen el inconveniente de que las plataformas son privadas (algo por el contrario muy interesante para el inversor).
Este inconveniente «político» se compensa por ser una opción que permitiría a los gobiernos reducir los intereses que pagan por su deuda, ya que su uso masivo generaría una gran demanda de, por ejemplo, letras del tesoro norteamericanas. Y la demanda de un tipo de deuda permite al gobierno pagar menos intereses.
Pero hay una alternativa que podría «gustarle» más a la IA y que sería aceptable para el poder político: los «tokens» digitales respaldados por depósitos de bancos y bancos centrales. Tienen la ventaja de que ya son la unidad de cuenta con la que funciona la propia IA (son «eso» que se te acaba cuando usas demasiado tiempo Claude).
Y ustedes dirán que qué tiene que ver esto con ganar dinero, que es mi negociado como asesor financiero que soy. La respuesta es evidente: quien acierte con los ganadores, sabrá qué empresas e incluso sectores serán los beneficiarios de estas nuevas formas de pago. O del efecto sobre las divisas tradicionales y los tipos de interés de la deuda pública (en el caso de que el ganador fuera una stablecoin). En ello estamos.
Artículo escrito por Víctor Alvargonzález para elEconomista

