¿Y si el consenso se equivoca y el BCE tiene que volver a bajar los tipos de interés?
Artículo publicado en elEconomista (05 de febrero 2026)
Sí, ya sé que el consenso es unánime: el BCE no volverá a bajar los tipos de interés en mucho tiempo. Pero, si algo nos enseña la historia, es que el consenso de analistas suele equivocarse más que acierta.
Si no me creen, piensen en la crisis financiera de 2008, que solo predijo un analista, en lo de «el sector tecnológico está sobrevalorado» allá por 2023 y justo antes del «subidón» por la llegada de la IA a las cotizaciones. O lo de que los aranceles dispararían la inflación en EEUU. El inventario completo no cabría en este artículo.
No digo esto para meterme con el consenso; no aportaría nada. Lo digo para transmitir la idea de que no es un pecado poner en duda las afirmaciones del consenso, si se hace con fundamento. Eso sí que aporta, porque todavía es amplia mayoría los inversores que siguen ciegamente al consenso de analistas, pensando que la mayoría no puede equivocarse. Y digo con fundamento —con base analítica seria—, porque evidentemente el consenso a veces también acierta.
Así que, como el consenso está de acuerdo al 100 % en que los tipos de interés no van a bajar este año en Europa (la cifra baja al 90 % a partir de septiembre), no es mala idea plantearse en qué puede estar equivocado. ¿O qué es lo que no está viendo? Porque en los mercados se gana dinero adelantándose a las sorpresas, no con lo que ya está descontado en los precios.
En primer lugar, pensamos que el consenso no está valorando el impacto de la debilidad del dólar. Y no digo fortaleza del euro, digo debilidad del dólar. Hace tiempo que la administración norteamericana deja ver que está a favor de que el dólar pierda valor. Lo que les preocupa es el déficit comercial y la debilidad del dólar facilita sus exportaciones. Los inversores lógicamente no quieren tener una divisa que pierde valor, la venden y baja su cotización respecto al resto. Y si baja el dólar, todo lo que se paga en dólares —que es la mayoría de lo que compramos fuera— baja de precio, es decir, favorece la desinflación.
Otra cosa que no se está valorando es que China, fábrica del mundo, está en deflación en productos industriales y exporta desinflación. Y Europa le compra muchísimo a China.
Además, si el euro sube, no es porque la economía europea esté boyante. De hecho, está volviendo a la euroesclerosis. Y la euroesclerosis ya demostró ser desinflacionista (y el BCE bajó tipos para prevenir la deflación).
Porque, en esta nuestra eurozona, la previsión del crecimiento del propio BCE no hace más que bajar. Hablan ya de un 1,2 % en 2026, que a poco que se equivoquen —y tienden a ser optimistas—, podría quedarse por debajo del 1 %, que es estancamiento. Y un indicador adelantado muy respetado como es el PMI (índice de gestores de compras de las grandes empresas) sigue bajando y acercándose a 50, que sería estancamiento.
La Eurozona se encuentra en la misma tesitura en la que estuvo Japón hace décadas, con el crecimiento estancado de forma estructural. Lo peor es que ha decidido tomar el mismo camino que Japón para solucionarlo, es decir, incremento salvaje del gasto y la deuda pública. Y ya sabemos qué pasó en Japón: siguió estancado y entró en deflación (y bajísimos tipos de interés).
No me atrevería a decir que el consenso se equivoque tanto como para que la Eurozona entre en deflación, pero sí que la inflación pueda situarse persistentemente por debajo del objetivo del BCE. Y no sería la primera vez.
La desinflación (baja el IPC, pero se mantiene positivo) y la deflación (IPC persistentemente negativo) son como el colesterol: lo hay bueno y malo. Cuando los precios bajan porque el país aumenta su productividad y es especialmente competitivo, eso es desinflación (o deflación) sana. El país crece, pero baja el coste de la vida. Cuando la desinflación (o la deflación) tienen como origen la debilidad económica, el estancamiento y la falta de productividad y de libre competencia (que ayuda a bajar los precios,) estamos ante un proceso desinflacionista a la japonesa, es decir, malo.
Ojo: esto no tiene por qué ser malo para las bolsas europeas a corto y medio plazo (sí a largo). Nada les gusta más a las bolsas que una bajada de tipos. Tampoco les molesta que se dispare el gasto público, sobre todo porque ese dinero acaba en las grandes empresas europeas con poder del lobby en Bruselas.
Artículo escrito por Víctor Alvargonzález para elEconomista

