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Cómo aprovechar la caída de los bonos sin hacerse daño

Víctor Alvargonzález27 de octubre de 20264 min de lectura
Cómo aprovechar la caída de los bonos sin hacerse daño

Artículo publicado en elEconomista (27/10/26)

La palabra que lo define es «tentador»: bonos europeos a 30 años, de máxima calidad crediticia, que en la práctica actúan como rentas perpetuas y ahora ofrecen rentabilidades que no se veían desde principios de siglo. Un bono francés a 30 años paga hoy un 5,5 % anual; uno italiano, un 5,1 %, y uno español, un 4,5 %. Hace solo cinco años, el francés daba el «cero coma» por ciento.

¿Riesgo de impago? En la práctica, la deuda europea está mutualizada: ante una crisis de deuda, el BCE hará el mismo esfuerzo por evitar la quiebra de Francia, España o Italia que la de Alemania u Holanda. Entre otras cosas, porque si Francia suspendiera pagos desaparecería el euro y, con él, el propio BCE.

Así ocurrió en la crisis de deuda de 2010-2012, que finalmente resolvió el BCE de la mano de Mario Draghi: quien tenía bonos siguió cobrando sus cupones y recuperó el principal al vencimiento. Y aunque Europa está en plena decadencia, en 30 años hay tiempo para equilibrar las cuentas y cobrar el principal, aunque sea a costa de que entremedias haya una crisis como aquella (o peor).

El acertijo

El problema es el plazo. No es descartable que la incompetencia de los políticos actuales nos lleve antes a una crisis de deuda que dispare los tipos al 7 % u 8 % y hunda todavía más el precio de los bonos. Ese es el acertijo: cómo aprovechar estos tipos sin que la crisis se lleve por delante la inversión, dado que, aunque no es seguro, hay probabilidades de que ocurra.

La respuesta es sencilla y se llama “comprar y mantener” (“buy and hold”) a muy largo plazo. Se compra, se guarda en el armario y no se vuelve a mirar la cotización: solo se cobran los cupones. Y se cobra el principal en el momento de la jubilación.

Mejor aún con ETF (fondos cotizados) de deuda a muy largo plazo y de acumulación: al ser indexados no hay gestión y, en un plazo tan largo, la rentabilidad viene a ser similar a la de comprar los bonos y mantenerlos. Y las comisiones de un ETF son muy bajas (alrededor del 0,15 % anual).

Las guindas

Esa es la base para el inversor ultraconservador. Pero hay guindas que mejoran la rentabilidad y apenas añaden riesgo. Para ello hay que reservar un 25 % en liquidez, en un fondo monetario que, suponemos, rinde mientras tanto en torno al 2 %, para aprovechar la primera de dos oportunidades alternativas que, en nuestra opinión, surgirán en el futuro.

La primera es que en dos o tres años estalle una crisis de deuda. Usaríamos la liquidez para comprar bonos al 8 % en lugar del 5 %. Así la rentabilidad de toda la cartera se acercaría al 6 % anual.

La segunda es que antes llegue un fuerte desplome bursátil, algo muy probable en un plazo tan largo, y la bolsa caiga, por ejemplo, un 30 %. Compraríamos «de rebajas» un ETF del Euro Stoxx 50 o un buen fondo de alto dividendo. Tras caídas así, la bolsa suele rendir más que la media, así que, si recupera lo perdido y luego gana un 9 % anual (dividendos incluidos), la cartera rendiría cerca del 6,5 % anual.

Las objeciones

¿Y la inflación? Hoy hay mucho miedo y se da por hecho que será del 4 % o más. Pero desde la creación del euro, con épocas de inflación muy alta y otras muy baja, la media ha sido del 2,1 % anual. Y eso sin contar con que la implantación de la IA tenga un efecto benigno sobre la inflación, algo que no podemos descartar, puesto que genera un gran aumento de la productividad.

¿Y la bolsa, que históricamente es más rentable que los bonos? Sí, lo es, pero para eso hay que comprar barato, y actualmente, aunque pensamos que tiene margen de revalorización, tampoco podemos decir que esté barata. Desde luego, no tanto como los bonos.

¿Y los impuestos? Al final siempre se pagan. Con un ETF de acumulación, los cupones se reinvierten y solo tributaremos al recuperar el dinero, al jubilarnos, como con cualquier otra inversión.

Para jóvenes conservadores

El único inconveniente real es el plazo: para que este plan de pensiones a la medida funcione, tienen que faltar al menos 20 años, y mejor 30, hasta la jubilación. Por eso es una idea para jóvenes conservadores: con la demografía actual y la mala gestión política, son quienes más necesitan ideas sólidas e imaginativas para tener en el futuro una pensión digna, porque difícilmente el Estado les pagará una como la de sus padres.

Artículo publicado en elEconomista por Víctor Alvargonzález.

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