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¿Y si la nueva economía mundial va a ser como era la de Andorra?

Artículo publicado en El Confidencial (21/10/26)
La economía mundial me recuerda cada vez más a la primera vez que visité Andorra, hace muchos años. Me llamó la atención que todos los negocios se repartieran entre unas pocas empresas, propiedad a su vez de unas pocas familias. Los más rentables —la perfumería, la electrónica y, en general, los que florecían gracias a los bajos impuestos— eran de cadenas muy concretas: las perfumerías, de un grupo; las tiendas de electrónica de otro, etc. Y todas en manos de unas pocas familias, banca incluida.
Así que, cuando veo que solo diez empresas han aportado el 70 % de la revalorización del S&P 500 desde el 30 de marzo (16 puntos de una subida del 23 %), me acuerdo de la Andorra de hace 30 años.
Lenta pero inexorablemente, estas compañías, que cada vez obtienen más beneficios y más peso en la economía global, ganan terreno en el índice: las diez mayores ya suponen alrededor del 41 % de su capitalización, un récord. Inversor y/o sus asesores deben analizarlo a fondo, porque esto no solo ha tenido sino que tendrá consecuencias en la rentabilidad de sus inversiones.
El capitalismo tiende al oligopolio
Aunque me criticarán por esta comparación, la verdad es que está más que demostrada y justificada por la teoría y la historia económica. El capitalismo tiende a concentrar la riqueza en pocas manos, normalmente las de los más listos, los más trabajadores o ambas cosas. Con las empresas ocurre algo parecido: se imponen las más eficientes y competitivas. Y donde hay mucha regulación, las que gozan del “favor” de los políticos. Sin control, el sistema desemboca en oligopolio o incluso en monopolio.
No lo digo peyorativamente. Juzgar no es mi misión: dirijo una empresa de asesoramiento financiero independiente, no un departamento universitario de ética, un organismo regulador o un ministerio, que es a quienes corresponde esa labor. La mía es que nuestros clientes obtengan una buena rentabilidad en sus ahorros.
La avenida Meritxell global
En la nueva «Andorra mundial» —nada contra Andorra, un país de gente seria, trabajadora, acogedora y emprendedora que ha sabido sobrevivir entre dos países muy complicados— el oligopolio lo forman compañías que usan la tecnología, algo central actualmente en nuestras vidas, para acaparar la mayor cuota de mercado posible. Amazon utilizó Internet para quedarse con buena parte de la distribución mundial, Google y Meta, con la publicidad, etc.
Con la inteligencia artificial asistimos a algo parecido. Permite que estas compañías no solo amplíen la cuota que arrebataron a las empresas analógicas, sino hacer lo mismo con las empresas de servicios, como consultoras, despachos de abogados o empresas de software, entre muchas otras. Probablemente ninguna desaparezca, pero tendrán que ceder parte de su negocio a estos gigantes. A los actuales y los que aún no cotizan.
Imagínense la economía del futuro como la avenida Meritxell de Andorra la Vella hace 30 años, pero con los logotipos de Alphabet, Anthropic, OpenAI, SpaceX, Meta… hasta siete o diez compañías que, gracias a Internet y a la IA, se habrán hecho con el grueso de los servicios mundiales. Y son los servicios lo más importante en las economías avanzadas, no, la industria o la agricultura (a la que, por cierto, también van a vender robots o IA).
SpaceX, que tendrá un papel destacado en el oligopolio, es un ejemplo novedoso y llamativo. Elon Musk podría hacerse con el grueso del negocio de los centros de datos si logra que ponerlos en órbita, donde sobra energía barata y estable y refrigeración y lo convierte en la opción más eficiente. Y ya está dando el paso para competir directamente con las telecos.
Qué significa para el inversor
Las conclusiones para el inversor son importantes y no necesariamente negativas, al menos a corto plazo. Un tejido productivo diferente no tiene por qué ser malo, y desde luego no lo es para estas compañías. En las redes y en muchos medios lo ven como algo negativo, pero es que hoy lo ven todo negativo porque es lo que atrae más visionados y clics. Pero, para un inversor, lo importante es detectar a los ganadores. Que haya un problema ético o se esté formando un oligopolio no significa que estas empresas no vayan a subir en bolsa: son cuestiones distintas (que tienden erróneamente a mezclarse).
Y en mi negociado, que es ayudar a la gente a rentabilizar sus ahorros, los datos lo corroboran. Las empresas que más suben y más pesan en el S&P 500 son las que más facturan y más ganan, y cuyos beneficios crecen muy por encima de la media. Es decir, que su peso aumente en la composición de los índices tiene absoluta lógica económica.
Otra cosa es que, a la larga, seguramente no sea bueno para la economía ni para la sociedad, por el enorme poder que adquieren, ya sea para fijar precios, comprar voluntades políticas, dominar el mercado o expulsar a la competencia. Pero insisto: arreglarlo es misión de los políticos, no de los inversores.
Artículo publicado en El Confidencial por Víctor Alvargonzález.

