Cómo invertir en ETF de defensa
Hasta hace poco, hablar de invertir en defensa incomodaba. Muchos gestores lo evitaban, los fondos ISR lo excluían por defecto y el inversor particular ni se lo planteaba. Hoy el contexto ha cambiado de forma radical: el gasto en defensa de la UE creció un 30% entre 2021 y 2024, alcanzando los 326.000 millones de euros, y el sector ha pasado de considerarse «tabú» en los mercados financieros a convertirse en un activo estratégico para los inversores.
Los números acompañan esa narrativa: el gasto mundial en defensa ha crecido a una tasa anualizada del 4,4% en los últimos cinco años, alcanzando un máximo histórico de 2,44 billones de dólares.
En ese escenario, los ETF de defensa (fondos cotizados que agrupan empresas del sector militar, aeroespacial y de seguridad) se han convertido en el vehículo que muchos inversores están usando para ganar exposición a esta tendencia. Pero como ocurre con cualquier inversión temática, el entusiasmo puede nublar el análisis. Antes de comprar, conviene entender qué hay dentro de estos fondos, qué rentabilidades han ofrecido realmente, qué riesgos asumes y qué implica éticamente.
Eso es exactamente lo que vas a encontrar aquí: una guía práctica y sin filtros comerciales sobre los ETF de defensa disponibles en Europa, las empresas que los componen, la fiscalidad que te aplica como residente en España y las preguntas que deberías hacerte antes de incorporar uno a tu cartera.
ETF de defensa en Europa
El interés por el sector no ha llegado solo en forma de titulares: ha llegado en forma de dinero. En el primer semestre de 2025, los ETF de defensa absorbieron más de 7.800 millones de dólares en flujos netos a nivel global, con Europa representando casi la mitad de ese total. Es una cifra que habla de un cambio de posicionamiento real, no de una moda pasajera.
El catalizador más visible fue el lanzamiento, en marzo de 2025, del primer ETF centrado exclusivamente en empresas europeas de defensa, el WisdomTree Europe Defence UCITS ETF. En apenas dos meses captó más de 1.800 millones de euros en activos y ofreció una rentabilidad del 19,7%, superando en ese periodo al Ibex 35 (que subió un 11%), al DAX (7,5%), al EuroStoxx 50 (2,3%) y a Wall Street. No es un dato menor: los ETF temáticos raramente baten a los índices generales con esa holgura en tan poco tiempo.
Antes de ese lanzamiento ya existían otros vehículos con exposición europea. El Future of Defence UCITS ETF, comercializado bajo el ticker NATO, agrupa empresas que se benefician del aumento del gasto en defensa de los países aliados, con posiciones relevantes en Rheinmetall, Leonardo y BAE Systems. El STOXX Europe Aerospace & Defense ETF acumula en 2025 una revalorización cercana al 59%, convirtiéndose en uno de los fondos cotizados más rentables del año en el continente.
¿Qué tienen en común todos estos productos? Invierten en empresas cuyos clientes son casi exclusivamente estados, lo que les da una característica poco habitual en renta variable: la demanda no depende del ciclo económico sino de las decisiones presupuestarias gubernamentales. Cuando un gobierno aprueba un contrato de adquisición de equipos militares, ese flujo de ingresos está garantizado durante años. Eso no elimina el riesgo, pero sí lo hace distinto al de otros sectores.
El gasto conjunto de los países europeos pasará, según las proyecciones disponibles, de 326.000 millones de euros en 2024 a más de 381.000 millones en 2025, con el objetivo de alcanzar en torno al 2,4% del PIB en 2027. Ese es el viento de cola estructural que explica el interés creciente por los ETF de defensa europeos y el punto de partida para entender qué hay exactamente dentro de estos fondos.
Aquí te dejamos un análisis profundo sobre los costes de los ETF en general.
ETF de armamento
Un ETF de armamento no es, como podría parecer, un fondo que invierte únicamente en fabricantes de armas convencionales.
La mayoría de estos productos tienen un universo de inversión más amplio: incluyen empresas de electrónica militar, sistemas de vigilancia, ciberseguridad, inteligencia artificial aplicada a la defensa, fabricantes de aeronaves y proveedores de componentes para uso dual (civil y militar). Comprar un ETF de armamento es, en la práctica, comprar un trozo de toda la cadena industrial que sostiene la seguridad de los estados.
El mecanismo de funcionamiento es el mismo que el de cualquier ETF: el fondo replica un índice de referencia, agrupa las acciones de las empresas que lo componen y permite al inversor acceder a todas ellas con una sola operación. Los costes son reducidos, el ratio de gastos totales (TER) de los principales ETF de armamento oscila entre el 0,35% y el 0,55% anual, y la liquidez es la misma que la de cualquier acción cotizada.
La diferencia relevante entre unos ETF y otros está en el índice que replican. Algunos siguen índices globales, con fuerte peso en contratistas estadounidenses como Lockheed Martin, Northrop Grumman o RTX (antigua Raytheon). Otros se centran en Europa o en submercados concretos como la tecnología de defensa. Esa elección de índice determina el perfil de riesgo, la divisa de exposición y, en buena medida, la rentabilidad esperada.
Un ejemplo que ilustra bien la diferencia es el Global X Defence Tech UCITS ETF, centrado en la intersección entre tecnología avanzada y defensa: inteligencia artificial militar, drones, ciberseguridad, satélites y sistemas autónomos.
En 2025 acumuló una revalorización cercana al 100%, convirtiéndose en uno de los diez ETF más rentables del año a nivel global. En el extremo más conservador, el iShares U.S. Aerospace & Defense ETF acumuló un 28% en el mismo periodo, con una cartera más concentrada en grandes contratistas con contratos gubernamentales de largo plazo.
Esa horquilla, del 28% al 100% según el enfoque, resume bien lo que hay que entender antes de elegir un ETF de armamento: no todos invierten en lo mismo ni asumen el mismo nivel de riesgo, aunque compartan etiqueta sectorial. El paso siguiente es saber qué nombres concretos hay dentro.
Empresas de armas que cotizan en bolsa
Detrás de cualquier ETF de defensa hay un puñado de compañías que concentran la mayor parte del peso del índice. Conocerlas no es un detalle menor: cuando compras un ETF, estás comprando, indirectamente, sus balances, sus contratos y su exposición geopolítica.
En el lado europeo, Rheinmetall es la referencia indiscutible. La empresa alemana, especializada en vehículos blindados, munición y sistemas de artillería, ha multiplicado su valor en bolsa de forma extraordinaria desde 2022. Es la posición con mayor peso en prácticamente todos los ETF centrados en defensa europea.
Le siguen BAE Systems (Reino Unido), el mayor contratista de defensa europeo por ingresos, con presencia en armamento naval, terrestre y aéreo; Leonardo (Italia), especializada en electrónica de defensa, helicópteros y sistemas de vigilancia; y Thales (Francia), cuyo negocio abarca desde sistemas de misiles hasta ciberseguridad y comunicaciones militares.
España tiene también representación en este universo. Indra, con su división de defensa centrada en radares, simuladores y sistemas de mando y control, aparece en varios ETF de exposición europea. No es una posición dominante, pero su presencia refleja que el tejido industrial de defensa español tiene visibilidad en los mercados.
En el lado estadounidense, el universo es más amplio y más maduro. Lockheed Martin, fabricante del F-35 y uno de los mayores contratistas del Pentágono, Northrop Grumman, especializada en sistemas espaciales y bombarderos, y General Dynamics, con negocio en vehículos de combate y tecnología submarina, son los nombres que aparecen de forma recurrente en los ETF globales. El presupuesto de defensa de Estados Unidos para 2025 supera los 886.000 millones de dólares, lo que convierte a estos contratistas en beneficiarios directos de uno de los flujos de gasto público más estables del mundo.
Hay un matiz importante que conviene tener claro: muchas de estas empresas no son fabricantes de armas en sentido estricto. Boeing Defense, por ejemplo, produce tanto aviones militares como aeronaves comerciales. Palantir, presente en varios ETF del sector, es esencialmente una empresa de análisis de datos con contratos militares. La línea entre «empresa de defensa» y «empresa tecnológica con contratos gubernamentales» es cada vez más difusa, y eso tiene implicaciones tanto para el análisis financiero como para el debate ético que abordaremos más adelante.
Fondos de inversión aeroespacial y defensa
El término «aeroespacial y defensa» agrupa dos industrias que comparten tecnología, ingeniería y cadena de suministro, pero que tienen dinámicas de negocio distintas. Entender esa diferencia es clave para saber exactamente qué estás comprando cuando inviertes en un fondo de esta categoría.
La parte aeroespacial incluye fabricantes de aeronaves civiles y militares, proveedores de componentes para motores, sistemas de navegación y estructuras, y empresas del segmento espacial: satélites, cohetes y tecnología de observación terrestre. La parte de defensa abarca contratistas militares, fabricantes de armamento, sistemas electrónicos y empresas de ciberseguridad con contratos gubernamentales.
En la práctica, la mayoría de los fondos de esta categoría mezclan ambos mundos, lo que les da un perfil más diversificado que un ETF puramente militar, pero también más exposición al ciclo de la aviación comercial.
El iShares Global Aerospace & Defense UCITS ETF es uno de los productos más representativos de esta categoría disponibles en Europa. Replica el índice S&P Developed BMI Select Aerospace & Defense, que agrupa empresas líderes a nivel global en ambos segmentos, y gestiona un patrimonio de aproximadamente 270 millones de euros. Su enfoque global implica una exposición significativa al dólar, algo que el inversor español debe considerar al calcular su rentabilidad real en euros.
En el espectro más orientado a tecnología, el Global X Defence Tech UCITS ETF representa una evolución del concepto tradicional de fondo aeroespacial. No invierte en el hardware convencional sino en la capa tecnológica que está transformando la defensa moderna: inteligencia artificial aplicada a sistemas de mando, drones autónomos, ciberseguridad militar, satélites de observación y sensores avanzados. Según las estimaciones del propio gestor, este segmento podría crecer a tasas anuales superiores al 10% durante la próxima década.
La inversión privada respalda esa tesis. Solo entre enero y mediados de marzo de 2025, el valor de las operaciones de capital riesgo y private equity en el sector aeroespacial y de defensa sumó 4.270 millones de dólares, una cifra que prácticamente igualó la de todo el año 2024. Cuando el dinero institucional se mueve a esa velocidad, suele ser porque hay contratos reales detrás, no solo expectativas.
¿Cuál elegir? Depende del perfil. Un fondo aeroespacial global da exposición más amplia y reduce el riesgo de concentración geográfica. Un fondo centrado en tecnología de defensa asume más volatilidad a cambio de un mayor potencial de crecimiento. Ninguno es mejor en abstracto; la pregunta correcta es cuál encaja con tu horizonte temporal y con el resto de tu cartera.
¿Es buena idea invertir en defensa?
Antes de tomar ninguna decisión, hay una pregunta que conviene responder con honestidad: ¿estás dispuesto a mantener esta posición si el sector cae un 30% porque hay un acuerdo de paz o un recorte presupuestario inesperado? Los ETF de defensa han ofrecido rentabilidades extraordinarias en los últimos años, pero son productos temáticos y concentrados, y eso tiene implicaciones concretas.
El principal riesgo del sector no es financiero sino político. Los ingresos de estas empresas dependen casi en exclusiva de decisiones gubernamentales: contratos que pueden cancelarse, presupuestos que pueden recortarse y contextos geopolíticos que pueden cambiar con una negociación diplomática.
Una desescalada en Ucrania, un cambio de administración en Washington o una revisión de los compromisos de la OTAN bastarían para mover el sector con fuerza en sentido contrario. No es un escenario improbable; es el tipo de riesgo estructural que hay que asumir conscientemente.
Hay también un debate ético que cada inversor debe resolver por su cuenta. Algunos gestores de carteras ISR excluyen el sector por principio; otros lo incluyen argumentando que la defensa de las democracias es, en sí misma, un criterio de sostenibilidad. No hay una respuesta correcta universal, pero sí una pregunta necesaria antes de invertir.
Desde el punto de vista práctico, los ETF de defensa tributan en España como acciones, no como fondos de inversión. Eso significa que cada vez que vendes, afloras la ganancia y tributas por ella en la base del ahorro del IRPF: al 19% por los primeros 6.000 euros de ganancia, al 21% entre 6.000 y 50.000 euros, y al 28% a partir de 300.000 euros. A diferencia de los fondos de inversión tradicionales, no existe la exención por traspaso: si cambias de un ETF a otro, pagas impuestos en ese momento. Es un detalle que puede parecer menor pero que en horizontes largos erosiona de forma significativa el efecto del interés compuesto.
¿Tiene sentido incorporar defensa a una cartera de ETFs? Puede tenerlo, siempre que se trate como lo que es: una posición táctica o satélite, con un peso limitado dentro de una cartera diversificada, y no como el núcleo de la inversión a largo plazo. El sector tiene un viento de cola estructural real, respaldado por compromisos presupuestarios concretos y contratos firmados. Pero las valoraciones ya recogen buena parte de ese optimismo. Entrar tarde en una tendencia que ya ha subido con fuerza exige más criterio, no menos.
Si tienes dudas sobre qué peso darle a este tipo de activos en tu cartera, o sobre cómo encaja con tu situación fiscal y tu horizonte temporal, es el momento de sentarte con un asesor financiero independiente. Los números del sector son atractivos; la decisión de invertir en él debería serlo también.
La información compartida en este artículo bajo ningún concepto representa una recomendación de inversión.

