Cómo invertir en startups
Invertir en startups consiste en comprar una parte de una empresa que todavía no cotiza, que casi siempre pierde dinero cuando entras y cuyo valor depende de que ocurra algo que aún no ha ocurrido. Es un mercado con reglas propias: el precio no se forma en una pantalla, no hay un botón de venta y el horizonte se mide en años, no en semanas.
En España este mercado se ha ordenado mucho en la última década. Hay plataformas reguladas, vehículos de capital riesgo supervisados, redes de inversores privados y un marco fiscal específico para quien entra en empresas de nueva creación. Cada vía tiene su puerta de entrada, su papeleo y su umbral de acceso, y conviene saber cuál es cuál antes de mirar ninguna operación concreta.
Aquí describimos ese mapa: qué es una empresa emergente en términos legales, qué formas existen de poner dinero en compañías no cotizadas, cómo funciona el caso español, quién más está invirtiendo en estas compañías y qué riesgos son inseparables del formato.
Qué significa invertir en empresas emergentes
Empezamos por lo obvio, porque no lo es tanto: en España «empresa emergente» tiene definición legal, y no todas las compañías jóvenes entran en ella. Hacen falta como máximo cinco años desde la constitución, siete en biotecnología, energía, industria y otros sectores estratégicos; independencia; sede o establecimiento permanente en España; carácter innovador; no cotizar ni haber repartido dividendos; y un volumen de negocio de hasta diez millones de euros. Se suma que al menos el 60% de la plantilla tenga contrato laboral en España, y que una entidad pública certifique el carácter innovador y escalable del modelo de negocio.
Esa etiqueta importa por una razón práctica: es la que abre la puerta a los incentivos fiscales, tanto para la empresa como para quien pone el dinero. Fuera de ella hay muchísimas compañías jóvenes que operan igual, pero cuyo tratamiento fiscal es el ordinario.
Ahora, la mecánica. Invertir en empresas emergentes es comprar participaciones de una sociedad no cotizada, normalmente en una ampliación de capital. La compañía emite participaciones nuevas, tú las suscribes al precio pactado en esa ronda y pasas a ser socio con el porcentaje que resulte. No hay bolsa, no hay libro de órdenes y no hay precio continuo. El precio existe porque alguien lo negoció ese día.
De ahí salen cuatro diferencias estructurales frente a comprar acciones cotizadas:
No hay salida cuando tú quieras. El dinero sale cuando la empresa se vende, sale a bolsa o alguien te compra tu paquete en un mercado secundario que en España es estrecho. Los plazos se cuentan en años, y no los decides tú. Es el reverso de la liquidez a la que se acostumbra quien invierte en fondos de inversión, donde el reembolso se puede pedir cualquier día.
Tu porcentaje se encoge. Cada ronda posterior emite participaciones nuevas. Si no acudes, tu participación se diluye. Es el funcionamiento normal del formato.
La valoración es una negociación, no una medición. Entre ronda y ronda tu inversión vale lo que dijo la última operación, aunque el negocio haya cambiado por completo en ese intervalo.
La distribución de resultados no se parece a la de un índice. En capital riesgo la mayoría de las posiciones acaba en pérdida total o casi total, y el resultado del conjunto depende de un puñado muy pequeño de operaciones.
Conviene separar también dos cosas que suelen mezclarse. Una es entrar en el capital de la compañía, con todo lo anterior. Otra es prestarle dinero, mediante préstamos participativos o notas convertibles, donde el retorno está pactado y el riesgo se comporta de otra manera. Son operaciones distintas con documentación distinta, y en las plataformas conviven las dos.
Con esto sobre la mesa ya se puede mirar el mapa de vías de acceso.
Cómo invertir dinero en empresas no cotizadas
La pregunta de cómo invertir dinero en empresas que no cotizan admite varias respuestas, y cada una lleva asociado un contrato, un intermediario y un umbral de entrada distintos. Estas son las vías que operan hoy en España.
Entrada directa en el capital
Acudes a una ampliación, firmas el pacto de socios y suscribes participaciones ante notario. Es la vía de los business angels y de las rondas de fundadores, familia y allegados. No hay intermediario que filtre, así que el análisis, la negociación de condiciones y la revisión legal corren de tu cuenta. Los importes los fija la operación.
Plataformas de financiación participativa
Están autorizadas y supervisadas por la CNMV bajo el marco europeo que se aplica plenamente desde noviembre de 2023. Es el terreno del crowdfunding y el crowdlending, con uno de los riesgos de las inversiones más directos que existen, el de impago. Aquí el ticket baja mucho y el proceso está estandarizado. La norma separa inversores experimentados y no experimentados, y a estos últimos les aplica salvaguardas: la plataforma les pide simular su capacidad de soportar pérdidas equivalentes al 10% de su patrimonio neto, y les concede cuatro días naturales de reflexión para revocar la oferta sin justificación ni penalización. Cuando la inversión en un proyecto supera los 1.000 euros o el 5% del patrimonio neto, el mayor de los dos, la plataforma debe emitir una advertencia de riesgo y recabar el consentimiento expreso. Ese umbral funciona como alerta, no como techo: se puede invertir por encima cumpliendo el trámite.
Un apunte que ahorra confusiones. Los límites de 3.000 euros por proyecto y 10.000 al año que aparecen en muchos artículos quedaron desplazados cuando la normativa española se adaptó al marco europeo. Siguen circulando, y ya no son el régimen vigente.
Vehículos de capital riesgo
Fondos y sociedades gestionados por una entidad supervisada, que invierten en una cartera de compañías en lugar de en una sola. Para un inversor no profesional la entrada exige un compromiso mínimo de 100.000 euros junto a una carta de conocimiento de los riesgos, o bien la vía del asesoramiento: con recomendación personalizada y un patrimonio financiero por debajo de 500.000 euros, el mínimo baja a 10.000 euros, que deben mantenerse invertidos y no superar el 10% de ese patrimonio.
Sindicaciones y vehículos conjuntos
Varios inversores agrupan su dinero en una sociedad instrumental que entra en la ronda como un único socio. Reduce el ticket individual y simplifica la mesa de socios de la startup. A cambio, quien decide es el líder del sindicato y tú entras a las condiciones que él negocie.
Cada vía cambia tres cosas: quién hace el análisis, cuánto dinero mínimo entra y qué papeles firmas. La empresa que hay debajo puede ser exactamente la misma.
Invertir en startups españolas: marco legal, plataformas y fiscalidad
Invertir en startups españolas se distingue del mismo movimiento en otro país por tres elementos: quién está autorizado a ponerte la operación delante, qué documento firmas y cómo trata Hacienda esa inversión.
Dónde ocurren las operaciones
Las plataformas que ofrecen participaciones de compañías no cotizadas al público necesitan autorización de la CNMV, que mantiene un registro público de proveedores de servicios de financiación participativa. Ese registro es consultable y funciona como primer filtro objetivo: una plataforma que capta dinero para rondas sin figurar en él está operando fuera del marco. Fuera de las plataformas, el circuito es privado. Redes de business angels, clubes de inversión, aceleradoras que abren coinversión y gestoras de capital riesgo que levantan fondos. Ahí no hay registro de ofertas, hay contactos.
Qué papeles se firman
Una entrada en capital se eleva a escritura pública ante notario. Junto a la suscripción va el pacto de socios, que es donde vive lo que determina de verdad tu posición: derechos de arrastre y acompañamiento en una venta futura, preferencia de liquidación, cláusulas antidilución, mayorías reforzadas para decisiones relevantes y obligaciones de información periódica. Dos inversores que ponen el mismo dinero en la misma compañía pueden acabar con posiciones muy distintas según lo que firmaron.
La fiscalidad del inversor
Aquí está el rasgo más característico del caso español. La deducción por inversión en empresas de nueva o reciente creación permite deducir el 50% de lo invertido, con una base máxima de 100.000 euros anuales, y se aplica solo sobre la cuota íntegra estatal del IRPF. Los requisitos son estrictos y conviene conocerlos antes, porque no se pueden corregir después:
La entrada debe producirse en la constitución de la sociedad o en una ampliación de capital dentro de los cinco años siguientes, siete si se trata de una empresa emergente de las contempladas en la ley de startups. Los fondos propios de la entidad no pueden superar los 400.000 euros al inicio del ejercicio en que inviertes. Las participaciones tienen que permanecer en tu patrimonio más de tres años y menos de doce. Tu participación, sumada a la de cónyuge y parientes hasta segundo grado, no puede pasar del 40%, salvo en el caso de socios fundadores de empresas emergentes. Y la sociedad debe ejercer actividad económica real, con medios personales y materiales, quedando fuera las de mera gestión de patrimonio.
El trámite tampoco es automático. La empresa tiene que expedir una certificación acreditando que cumple los requisitos en el ejercicio de la inversión, y presentar ante Hacienda la declaración informativa correspondiente. Sin ese certificado, la deducción no se sostiene ante una comprobación.
Hay una segunda pieza que suele pasar desapercibida: si mantienes las participaciones al menos tres años, la ganancia obtenida al venderlas puede quedar exenta cuando el importe se reinvierte en acciones o participaciones de otras empresas nuevas o de reciente creación que cumplan los mismos requisitos.
A esto se añaden las deducciones autonómicas por inversión en entidades de nueva creación, que varían en porcentaje, límite y condiciones según la comunidad. No pueden aplicarse sobre las mismas cantidades que la estatal, así que en la práctica se reservan para la inversión que no entra en la deducción del Estado. Conviene mirar la normativa de tu comunidad, porque las diferencias entre unas y otras son grandes.
Empresas que invierten en startups
Cuando entras en una ronda no entras solo. En la mesa hay actores profesionales con calendarios, mandatos y criterios propios, y saber quién es cada uno explica bastante de cómo se comporta después la compañía.
Fondos de capital riesgo
Gestoras que levantan un fondo entre sus inversores, lo despliegan durante unos años y tienen que devolver el dinero al cabo de un plazo cerrado, habitualmente en torno a una década. Ese calendario condiciona todo: presionan para que haya una venta o una salida dentro de la vida del fondo, aunque los fundadores prefieran esperar. Se especializan por etapa, desde el capital semilla hasta las rondas de crecimiento, y cada etapa tiene su tamaño de cheque.
Corporaciones con brazo inversor
Bancos, telecos, aseguradoras, energéticas y grandes distribuidoras que invierten en startups del sector para acercarse a una tecnología o a un mercado. Su lógica es distinta: la rentabilidad financiera pesa, pero también el encaje estratégico. Suelen negociar derechos comerciales o de preferencia en una compra futura, y eso influye en quién podrá comprar la compañía más adelante.
Aceleradoras e incubadoras
Entran muy pronto, con importes pequeños, a cambio de un porcentaje y de un programa de varios meses. Su modelo es de volumen: muchas apuestas mínimas, la mayoría fallidas.
Instituciones públicas
El Estado participa en el ecosistema con préstamos participativos y con fondos que invierten en otros fondos, además de las líneas autonómicas. Una parte relevante del dinero que llega a las startups españolas ha pasado antes por alguno de estos instrumentos.
Family offices y grupos familiares
Vehículos que gestionan el patrimonio de una familia empresaria. Suelen tener horizontes más largos que un fondo, porque no rinden cuentas a un calendario de devolución.
Business angels organizados
Inversores particulares agrupados en redes que analizan operaciones en común y entran juntos. Es la vía que conecta al inversor individual con el circuito profesional.
Para quien está valorando entrar, esta composición tiene una lectura práctica. La estructura del accionariado condiciona la vida de la compañía: quién puede bloquear una decisión, quién cobra primero si hay venta, quién tiene prisa por salir y quién puede esperar. Esa información está en el pacto de socios y en el historial de rondas, y se pregunta antes de firmar, no después.
¿Cuáles son los riesgos de invertir en startups?
Toca la parte que la normativa obliga a poner por escrito, y que conviene leer con la misma atención que se dedica a la presentación de la compañía.
La pérdida total es el resultado más frecuente
No es un escenario extremo ni el peor caso de un abanico: es lo que le ocurre a la mayoría de las startups en las que se invierte. La compañía cierra, y las participaciones valen cero. No hay recuperación parcial, no hay valor residual y no hay garantía de ningún tipo detrás.
El dinero no está disponible
Entre la entrada y una eventual salida pasan años, y durante ese tiempo no puedes rescatar. Si aparece un imprevisto que exige liquidez, esa posición no responde. Existe un mercado secundario para participaciones no cotizadas, pero es estrecho, opaco y funciona a descuento cuando funciona.
Cobras el último
Si la compañía se liquida, primero van los acreedores, después los inversores con preferencia de liquidación pactada, y al final los socios ordinarios. En muchas ventas por debajo de las expectativas los socios ordinarios no reciben nada, aunque la operación se anuncie como un éxito.
Tu participación se diluye si no acompañas
Las rondas sucesivas emiten participaciones nuevas. Mantener el porcentaje exige seguir poniendo dinero en cada ronda, y quien no lo hace ve reducirse su peso.
La información es asimétrica
No hay auditoría obligatoria en muchos casos, no hay hechos relevantes y no hay analistas siguiendo la compañía. Lo que sabes es lo que la empresa te cuenta y lo que el pacto de socios te obliga a recibir.
Sobre el perfil, la normativa dibuja un mapa claro. En las plataformas reguladas, el inversor no experimentado pasa por un test de conocimientos, simula su capacidad para soportar pérdidas equivalentes al 10% de su patrimonio neto, dispone de cuatro días de reflexión y recibe una advertencia formal cuando supera el umbral de 1.000 euros o el 5% de su patrimonio en un proyecto. En los vehículos de capital riesgo, el acceso de un inversor no profesional exige o bien un compromiso de 100.000 euros con carta firmada de conocimiento del riesgo, o bien un contrato de asesoramiento con límites de importe y de peso sobre el patrimonio.
Merece la pena fijarse en la lógica que hay detrás de esas cifras. El regulador no fija un tope de inversión, fija un mecanismo de fricción: te obliga a calcular tu patrimonio, a reconocer por escrito lo que estás asumiendo y a esperar unos días antes de confirmarlo. La decisión sigue siendo tuya; lo que la norma persigue es que la tomes con los números delante. Y antes de esa decisión va otra más básica, la de conocer el propio perfil de riesgo como inversor.
¿Merece la pena invertir en startups?
Invertir en startups puede tener cabida en determinadas carteras, pero implica asumir un riesgo elevado de pérdida, poca liquidez y un horizonte de inversión de varios años. Por eso, más que valorar una startup de forma aislada, conviene analizar cuánto representa esa inversión sobre el patrimonio total y qué ocurriría con la cartera si el dinero invertido se perdiera por completo.
La fiscalidad favorable tampoco debería ser el motivo principal para invertir. Una deducción puede reducir el coste efectivo de la operación, pero no elimina el riesgo empresarial ni convierte una mala inversión en una buena. Antes de entrar resulta más importante entender la compañía, las condiciones de la ronda, los derechos que se adquieren y las posibilidades reales de recuperar el capital.
También conviene analizar esta decisión dentro de una estrategia más amplia de diversificación de la cartera. Saber qué activos tienes, cuánto pesan, qué riesgos concentran y qué costes soportas permite valorar con más perspectiva si una inversión de este tipo tiene sentido dentro del conjunto.
Si quieres partir de ese análisis, puedes utilizar nuestra herramienta de análisis de cartera o conocer cómo funciona el asesoramiento financiero independiente.
La información compartida en este artículo bajo ningún concepto representa una recomendación de inversión.

