Qué son los ETF de hidrógeno y qué contienen realmente

Un ETF de hidrógeno es un fondo cotizado que replica un índice de empresas vinculadas al hidrógeno como vector energético. Eso es lo que dice el nombre. Lo que hay dentro es una conversación distinta: bajo esa misma etiqueta conviven compañías centenarias de gases industriales, con miles de millones de facturación y clientes en media industria pesada, junto a fabricantes de electrolizadores o de pilas de combustible que llevan años sin alcanzar la rentabilidad.

Esa mezcla la decide el índice que hay debajo, y cada proveedor la construye con criterios propios. De ahí que dos productos con apellido casi idéntico puedan tener carteras que se parecen bastante poco entre sí.

Entender qué son los ETF de hidrógeno y qué contienen realmente exige, por tanto, mirar más allá de su nombre. En las secciones siguientes describimos qué eslabones de la cadena del hidrógeno recogen estos índices, por qué vías se puede tomar posición en el sector, qué ETF existen hoy en el mercado europeo, qué ha dado de sí la categoría desde que empezó a cotizar y qué apartados de la ficha conviene leer antes de comparar unos con otros. Descripción de lo que hay, con los datos fechados, porque en un sector de este tamaño cambian deprisa.

¿Qué es la economía del hidrógeno y qué empresas forman parte de ella?

El hidrógeno no se extrae, se fabrica. Esa frase explica casi todo lo demás. Hoy el mundo consume cerca de 100 millones de toneladas al año, y prácticamente toda esa producción sale de combustibles fósiles sin captura de carbono: sobre todo gas natural, y carbón en el caso de China. El destino tampoco es el que sugiere el relato de la transición energética: el consumo se concentra en refino y química, mientras las aplicaciones nuevas se quedan por debajo del 1% del total y se concentran casi enteras en la producción de biocombustibles.

La variante que ha dado nombre a los índices temáticos es el hidrógeno de bajas emisiones, producido por electrólisis con electricidad renovable o con captura de carbono. Según la Agencia Internacional de la Energía, esa producción creció un 10% en 2024 y estaba en camino de alcanzar el millón de toneladas en 2025, todavía por debajo del 1% de la producción mundial. Contando solo los proyectos operativos o con decisión final de inversión tomada, la propia agencia la sitúa en torno al 4% en 2030. Un sector en crecimiento y, a la vez, un sector diminuto dentro de su propio mercado.

Sobre ese mapa se construyen las carteras. Los índices de hidrógeno suelen recoger tres tipos de compañía muy distintos entre sí:

Producción y gases industriales

Empresas que ya fabrican y venden hidrógeno a escala, casi siempre dentro de un negocio de gases industriales mucho más amplio. Facturan miles de millones, llevan décadas cotizando y el hidrógeno es una línea de su cuenta de resultados, con frecuencia minoritaria.

Tecnología de electrólisis y pilas de combustible

Fabricantes de electrolizadores, de pilas de combustible y de sus componentes. Aquí el hidrógeno es el negocio entero. Son compañías más pequeñas, muchas sin beneficios, cuya evolución depende de la cartera de pedidos y del calendario de las ayudas públicas.

Infraestructura y uso final

Transporte, almacenamiento, hidrogeneras y grupos energéticos o industriales con proyectos de descarbonización en marcha.

La diferencia entre el primer grupo y el segundo es la que más pesa en el comportamiento del fondo. Una industria de gases tiene ingresos recurrentes; una tecnológica de electrólisis vive de expectativas y de decisiones de inversión ajenas. Y esas decisiones se han enfriado: la cartera mundial de proyectos anunciados con vista a 2030 se ha reducido alrededor de una cuarta parte en el último año, de 49 a 37 millones de toneladas anuales, y el recorte se concentra en los anuncios en fase temprana. Lo que ya está operativo o ha tomado decisión final de inversión apunta a 4,2 millones de toneladas en 2030, con otros 6 millones que la agencia considera de alta probabilidad.

Conviene recordar también dónde se fabrica la tecnología. La capacidad mundial instalada de electrólisis llegó a 2 gigavatios en 2024 y sumó más de 1 gigavatio adicional hasta julio de 2025. China concentra el 65% de esa capacidad instalada y cerca del 60% de la capacidad de fabricación mundial, con unas fábricas que pueden producir 20 gigavatios al año frente a una demanda de alrededor de 2. Muchas de esas compañías no están en los índices que replican los ETF europeos, por criterios de cotización y de país.

¿Cómo se puede invertir en hidrógeno?

La primera particularidad de este sector es que el hidrógeno no cotiza. No hay un mercado de referencia con un precio público, ni contratos de futuros líquidos, ni productos cotizados que repliquen su evolución, como sí ocurre con el oro o el petróleo. Lo que se compra, en todos los casos, son acciones de empresas que fabrican, transportan o usan hidrógeno. La exposición es a renta variable, no al precio de la molécula.

A partir de ahí, las vías disponibles para un particular en España son cuatro:

Acciones sueltas

La vía más concentrada, y la que más trabajo exige: obliga a elegir compañía por compañía en un sector donde buena parte de los candidatos no tiene beneficios y donde la cotización depende de decisiones de inversión ajenas.

Fondos de inversión temáticos

Casi ninguno es de hidrógeno puro. Lo habitual son fondos de energía limpia, transición energética o infraestructuras sostenibles que llevan compañías de hidrógeno dentro, junto a solar, eólica, redes o almacenamiento. El peso real del hidrógeno en esas carteras suele ser minoritario y hay que buscarlo en la composición, no en el nombre.

ETF temáticos

Es el formato que ha dado nombre a la temática y del que trata el resto de este artículo. Replican un índice de compañías vinculadas al hidrógeno y se compran y venden en bolsa como una acción. Entre el fondo y el ETF hay además una diferencia fiscal que en España pesa mucho, y que desarrollamos en el último apartado.

Exposición indirecta a través de lo que ya se tiene

Es la vía que casi nadie contabiliza. Linde, Air Products, Cummins, Atlas Copco o Siemens Energy están en cualquier fondo de renta variable global, así que una cartera diversificada ya tiene dentro una parte de la cadena del hidrógeno, la de las compañías grandes y rentables, sin haberla comprado a propósito.

Las cuatro vías dan resultados distintos porque tocan tramos distintos de la cadena. La diferencia entre ellas no está en la etiqueta sino en qué compañías acaban dentro y con qué peso, que es exactamente el ejercicio del apartado siguiente.

¿Qué empresas y sectores hay dentro de un ETF de hidrógeno?

Un ETF replica un índice, y el índice es quien decide qué se compra. En esta temática eso importa más que en un fondo global, porque no existe una definición única de «empresa de hidrógeno» y cada proveedor fija la suya.

El criterio habitual es el porcentaje de ingresos. VanEck, por ejemplo, sigue el MVIS Global Hydrogen Economy ESG, que exige que la compañía obtenga al menos la mitad de sus ingresos de proyectos de hidrógeno, o que tenga potencial de hacerlo, con un umbral rebajado al 25% para las que ya están dentro. El L&G replica el Solactive Hydrogen Economy, con su propio marco de selección. Los demás productos europeos usan índices de WilderHill, de ECPI, de Bloomberg y una segunda familia de Solactive. Seis reglas distintas para nombrar la misma temática, y por tanto seis carteras que se solapan solo en parte.

La segunda característica es el tamaño de la cesta. Un ETF sobre el MSCI World lleva unas 1.300 compañías; estos se mueven entre 20 y 65. En el caso del L&G, alrededor de 30 acciones, con las diez primeras posiciones sumando cerca del 45% de la cartera a cierre de junio de 2026. Casi la mitad del fondo depende de diez decisiones empresariales.

La tercera es la mezcla. En las primeras posiciones de estos índices conviven nombres como FuelCell Energy, Bloom Energy, Plug Power o Ballard Power, cuyo negocio es directamente el hidrógeno, con Kyocera, Cummins, Linde, Air Products o Atlas Copco, grupos industriales y de gases donde el hidrógeno es una división entre otras. Aparecen también eléctricas, como Iberdrola o Xcel Energy. La primera familia aporta la sensibilidad al ciclo del sector; la segunda amortigua. Cuánto de cada cosa hay dentro es lo que diferencia a un producto de otro, y no se deduce del nombre.

De ahí sale también un sesgo geográfico marcado, y distinto en cada producto: en unos mandan Estados Unidos, Reino Unido, Japón y Corea del Sur, y en otros la primera posición por país es Japón o Alemania. Algunas de las compañías chinas del sector entran solo a través de las clases de acciones accesibles al inversor extranjero. La consecuencia práctica es que ninguno de estos ETF cubre la divisa, así que quien invierte desde la zona euro asume íntegro el movimiento del dólar, el yen, el won o la libra de las acciones que hay dentro.

Todo esto está escrito en el folleto y en el documento de datos fundamentales, no en el nombre comercial. Es el mismo ejercicio que describimos en ETFs globales en 2026: leer el nombre completo del índice de referencia, mirar el método de réplica y comprobar la composición real antes de dar por hecho lo que hay dentro. Y es el mismo patrón que aparece en otras temáticas de moda, como analizamos en qué son los ETF de tierras raras: la etiqueta va por delante del negocio, y el índice acaba llenándose con lo que hay disponible en bolsa.

¿Cuáles son los ETF de hidrógeno disponibles en Europa?

El catálogo UCITS disponible para un inversor español llega a seis productos. Todos son de renta variable global, todos replican su índice comprando las acciones que lo componen y ninguno reparte dividendo: los seis acumulan. Los datos que siguen son de agosto de 2026 y conviene comprobarlos en la ficha del emisor antes de usarlos, porque el patrimonio de estos fondos se mueve mucho de un trimestre a otro.

L&G Hydrogen Economy UCITS ETF (ISIN IE00BMYDM794)

Replica el Solactive Hydrogen Economy NTR, con comisión total del 0,49% anual. Se lanzó en febrero de 2021, está domiciliado en Irlanda y su divisa base es el dólar. Es el mayor del grupo, con un patrimonio en torno a los 400 millones de euros, y arrastra unos 60 millones de salidas netas en el último año pese a la recuperación de las cotizaciones. Índice equiponderado con topes por liquidez, alrededor de 30 posiciones.

VanEck Hydrogen Economy UCITS ETF (ISIN IE00BMDH1538)

Sigue el MVIS Global Hydrogen Economy ESG, con un 0,55% de comisión total. También irlandés, también en dólares, con revisión trimestral del índice y clasificación de artículo 9 según la normativa europea de divulgación en sostenibilidad. Su patrimonio ronda los 120 millones de dólares, unos 105 millones de euros, muy por detrás del L&G. Es el único de los seis cuyo índice pondera por capitalización, en su versión modificada.

Invesco Hydrogen Economy UCITS ETF (ISIN IE00053WDH64)

Replica el WilderHill Hydrogen Economy y es el más caro del grupo, con un 0,60% anual. Lanzado en septiembre de 2022, domiciliado en Irlanda, divisa base dólar y artículo 9. Su particularidad está en la construcción: todos los componentes pesan lo mismo, con rebalanceo trimestral, y la cesta es la más larga de las seis, con 65 valores. El patrimonio se queda por debajo de los 10 millones de euros.

BNP Paribas Easy ECPI Global ESG Hydrogen Economy UCITS ETF (ISIN LU2365458145)

Replica el ECPI Global ESG Hydrogen Economy NR y es el más barato del grupo, con un 0,30% anual. Domiciliado en Luxemburgo, con clase en euros, y también equiponderado. Su patrimonio ronda los 18 millones de euros.

Amundi Global Hydrogen UCITS ETF (ISIN FR0010930644)

Replica el Bloomberg Hydrogen Screened, con un 0,45% anual. Domiciliado en Francia, con clase en euros, y el segundo por tamaño del grupo: su patrimonio se mueve entre 235 y 300 millones de euros según la fuente y la fecha. Sus diez primeras posiciones suman en torno a la mitad de la cartera.

Global X Hydrogen UCITS ETF (ISIN IE0002RPS3K2)

Replica el Solactive Global Hydrogen v2, con un 0,50% anual. Irlandés, divisa base dólar y clasificación de artículo 8. Es la cesta más corta, con 20 posiciones, y también una de las más pequeñas: su patrimonio ronda los 38 millones de dólares.

Dos rasgos del cuadro merecen atención al margen del precio.

El primero es la escala. Tres de los seis fondos manejan menos de 120 millones, y dos de ellos menos de 20. Un fondo pequeño puede sostenerse durante años, pero es también el perfil que las gestoras revisan cuando una temática deja de captar dinero, y una liquidación obliga al partícipe a materializar la posición en el momento que decide la gestora, con el efecto fiscal correspondiente.

El segundo es el método de ponderación. Los índices de L&G, Invesco y BNP Paribas reparten el peso por igual entre sus componentes, con topes por liquidez en el primero; el de VanEck pondera por tamaño. Con las mismas empresas dentro, la primera fórmula da más peso relativo a las compañías pequeñas del sector y la segunda a las grandes industriales. Es una diferencia estructural, no de matiz, y explica buena parte de la distancia entre sus rentabilidades.

Sobre lo que se paga por cada uno, el porcentaje anual es solo una parte de la factura: en cuáles son los costes de los ETF desglosamos el resto de conceptos que no aparecen en el titular de la comisión.

¿Cómo se han comportado los ETF de hidrógeno?

Casi todos estos productos nacieron entre 2021 y 2022, es decir, en el momento de máxima expectativa sobre el hidrógeno. El patrón es conocido en la industria de fondos: la temática se convierte en producto cuando ya lleva un tiempo subiendo, y quien entra en el lanzamiento compra la parte alta de la serie.

Lo que vino después fue una caída larga. Entre 2022 y 2024 el sector encajó a la vez la subida de tipos, que castiga con especial dureza a las compañías sin beneficios, y el retraso o la cancelación de una parte de los proyectos que sostenían las previsiones. La mayoría de estos ETF acumularon pérdidas muy superiores a las de un índice global en ese tramo. En el último año el movimiento se ha dado la vuelta y la categoría ha rebotado con fuerza.

Las dos fases dicen lo mismo de fondo. Con carteras de entre 20 y 65 compañías, muchas pequeñas y sin resultados, los movimientos se amplifican en las dos direcciones. El L&G, el mayor de todos, acumula una caída máxima del 62% desde su lanzamiento, y el indicador de riesgo del documento de datos fundamentales sitúa a estos productos en la parte alta de la escala de 1 a 7.

Hay un segundo rasgo que conviene entender. Aquí el precio no responde tanto a los beneficios de las compañías como al calendario político. Las ayudas europeas, los planes de descarbonización, las subastas de hidrógeno renovable y los cambios normativos mueven la cotización antes de que exista ingreso alguno. Y ese calendario se ha ido retrasando: mientras las cotizaciones se recuperaban, la Agencia Internacional de la Energía recortaba en torno a una cuarta parte la cartera de proyectos anunciados para 2030, de 49 a 37 millones de toneladas anuales.

Ese desacople entre el precio de las acciones y el ritmo real del sector es el rasgo que mejor define a esta categoría. Puede resolverse en cualquiera de las dos direcciones, y la historia reciente del sector no permite anticipar cuál.

Nada de esto es exclusivo del hidrógeno. Es el comportamiento estándar de un producto concentrado en una tendencia, como explicamos en qué son los ETF temáticos: más volatilidad, más concentración y un recorrido que depende de que la tendencia se cumpla en el plazo previsto.

¿Es rentable invertir en ETF de hidrógeno?

La pregunta tiene respuesta histórica y no tiene respuesta futura, y conviene separar las dos cosas. Lo que se puede medir es lo que ha pasado, y lo que ha pasado depende casi por completo de dónde se ponga el punto de partida.

El L&G, el mayor y el más antiguo, acumula alrededor de un 21% de pérdida desde su lanzamiento en febrero de 2021, medido en euros y a agosto de 2026. Ese mismo fondo sube en torno a un 42% en los doce meses anteriores. Por años: 2022 cerró cerca de un 33% abajo, 2023 y 2024 en negativo leve, y 2025 terminó con una subida próxima al 24%. El Invesco, que salió al mercado en septiembre de 2022 y se ahorró el peor tramo, acumula en cambio una ganancia cercana al 16% desde su lanzamiento, medida en dólares y a julio de 2026. Mismo sector, misma década, resultados de signo contrario.

La dispersión entre productos de la misma etiqueta es el segundo dato que merece atención. En los doce meses hasta mediados de 2026, el ETF de Global X registró una subida superior al 130%, y el del L&G, algo más del 40%. Los dos son ETF UCITS de hidrógeno, de renta variable global y réplica física. La distancia sale de qué compañías lleva cada índice, con qué peso y en qué divisas cotizan.

Sobre lo que viene después, ningún dato de los anteriores dice nada. Las rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras, y en una temática cuyo precio se mueve al ritmo de un calendario político y de decisiones de inversión que se han ido retrasando, la serie histórica describe el pasado del sector sin anticipar su recorrido.

Conviene también leer con cuidado las rentabilidades publicadas. Ninguno de estos ETF cubre la divisa, así que el tipo de cambio entra en el resultado de quien invierte en euros y la cifra a un año puede diferir bastante según en qué moneda se exprese. Y en periodos largos, la fecha de inicio elegida cambia el resultado por completo: medido desde el lanzamiento en 2021 o medido desde el mínimo de 2024, el mismo fondo cuenta dos historias opuestas.

¿Qué hay que mirar antes de elegir un ETF de hidrógeno?

Los campos generales de cualquier fondo cotizado funcionan igual aquí: índice de referencia, método de réplica, domicilio, comisión total y tratamiento de los dividendos. Hay cuatro que adquieren un peso distinto cuando el producto se concentra en una temática.

El patrimonio. En un ETF global es un dato casi decorativo. En uno temático de menos de 20 millones de euros es información operativa. Las gestoras revisan periódicamente los fondos que no alcanzan escala, y una liquidación cierra la posición en la fecha que decide la gestora, con el impacto fiscal que corresponda a ese momento. El patrimonio aparece en la ficha del emisor y se actualiza a diario.

La horquilla de negociación. Un ETF se compra en bolsa, y entre el precio de compra y el de venta hay una diferencia que no figura en la comisión anual. En productos pequeños y con volumen bajo esa horquilla se amplía, y se amplía más en los momentos de tensión del mercado, que es justo cuando suele haber órdenes. Este coste es propio del formato cotizado y se suma a los que ya describimos en el artículo sobre los costes de los ETF.

La divisa. Cuatro de los seis productos tienen el dólar como divisa base, pero esa etiqueta importa menos de lo que parece: el riesgo de tipo de cambio lo traen las divisas de las acciones que hay dentro, no la moneda en la que el fondo lleva su contabilidad ni aquella en la que se negocia. Un ETF sin cobertura de divisa, y ninguno de estos la lleva, traslada íntegro ese movimiento a la rentabilidad del partícipe.

El solapamiento con lo que ya se tiene. Varias de las compañías que aparecen en estos índices están también en cualquier fondo global de renta variable, y algunas figuran igualmente en índices de energía limpia, de transición energética o de infraestructuras. Comprobar la coincidencia posición a posición entre los fondos de la cartera es lo que permite saber qué exposición real se está sumando, cifra que rara vez coincide con la que sugiere el nombre del producto.

Queda un punto que en España pesa más que todos los anteriores y no aparece en la ficha del emisor. Los fondos de inversión permiten al particular traspasar el dinero de un fondo a otro sin tributar por la plusvalía acumulada. Los ETF no tienen esa opción: cada venta es una ganancia o pérdida patrimonial que va a la renta del ahorro del ejercicio, aunque el dinero se reinvierta al día siguiente. Es una diferencia estructural entre los dos envoltorios, y la desarrollamos en fondos de inversión o ETF.

Toda esta información está en dos documentos públicos y gratuitos: el folleto y el documento de datos fundamentales, que el emisor publica en la ficha de cada producto. Son unas pocas páginas y contienen el índice completo, la política de la cartera, el indicador de riesgo y el detalle de costes. Es la fuente que manda cuando el resumen de un comparador y la realidad del fondo no coinciden.

Un ETF de hidrógeno es, en resumen, una cesta concentrada de compañías muy distintas entre sí, seleccionadas con la regla que haya fijado un proveedor de índices, y cuyo comportamiento depende menos de lo que facturan hoy que del calendario de una transición energética que va más lenta de lo que anunciaba su propio relato. Nada de eso se deduce del nombre del producto, y sí de tres documentos: el folleto, el documento de datos fundamentales y la composición actualizada de la cartera. La distancia entre la etiqueta y el contenido es, en las temáticas de moda, más grande de lo que parece.

En productos temáticos como los ETF de hidrógeno, mirar más allá del nombre resulta especialmente importante. La composición del índice, el peso de cada compañía, los costes y el solapamiento con otras inversiones pueden hacer que dos productos aparentemente similares representen exposiciones muy diferentes, aspectos que en Nextep Finance tenemos en cuenta al analizar una cartera.

La información compartida en este artículo bajo ningún concepto representa una recomendación de inversión.