Qué comisiones se pagan al invertir
Invertir tiene muchas ventajas, pero también implica costes. Uno de los más importantes son las comisiones. Y aunque a veces parezcan pequeñas, pueden reducir notablemente el rendimiento de una inversión a largo plazo.
Por eso, es fundamental conocer qué tipos de comisiones existen, dónde se aplican y cuánto podrían restar a los beneficios esperados. Saber cuánto cuesta invertir y qué comisiones hay asociadas es clave para evitar sorpresas y mejorar nuestra rentabilidad.
¿Es posible invertir sin comisiones?
No. Invertir sin pagar comisiones no es posible. Siempre que coloquemos nuestro dinero en un producto financiero, existirá algún tipo de coste asociado.
Puede que sean comisiones explícitas, como una tarifa por comprar un ETF, o implícitas, como el spread en una operación bursátil. En cualquier caso, el coste existe siempre.
Y por esta razón es importante diferenciar entre los productos que hacen visibles sus costes y aquellos en los que las comisiones están ocultas en el funcionamiento del producto.
Principales comisiones al invertir
Primero lo primero. Las comisiones pueden clasificarse en dos tipos: explícitas e implícitas.
- Las comisiones explícitas son las que aparecen reflejadas en el contrato o en la operativa: comisiones de compra, de suscripción o mantenimiento. Sabemos cuánto y cuándo se cobran.
- Las comisiones implícitas, en cambio, no se ven a simple vista. Están incorporadas en el precio de los activos. Por ejemplo, los spreads son un tipo de coste implícito. Es la diferencia entre el precio de compra (bid) y el de venta (ask) de un activo. Si una acción tiene un precio de compra de 100 euros y un precio de venta de 99,5 euros, el spread es de 0,5 euros. Esa diferencia la asumimos al invertir y puede afectar directamente a la rentabilidad, sobre todo en productos menos líquidos como algunos ETFs o criptomonedas.
Otro coste implícito son las retrocesiones. Es una parte de la comisión que la gestora del fondo paga al banco o entidad que lo comercializa. Aunque no la veas reflejada de forma directa, se descuenta del valor del fondo que tienes.
Suponte que contratas un fondo en tu banco con una comisión del 1,5% y este recibe una retrocesión del 0,5%, ese coste se resta de tu rentabilidad total sin que seas consciente de ello. Sin esa retrocesión la comisión podría haber sido del 1% y haber ahorrado un dinero.
Para evitar este tipo de sobrecostes, en Nextep Finance solo trabajamos con clases limpias de fondos de inversión, que no tienen retrocesiones ni costes adicionales. Además, hemos desarrollado una calculadora para ayudarte a saber si estás pagando de más por tus fondos de inversión.
Comisiones ETF
Los ETFs (fondos cotizados) suelen tener comisiones muy bajas. Ahora bien, esto no significa que sean gratuitas. Pongamos un ejemplo, un ETF que replica el S&P 500 puede tener una comisión de gestión del 0,07%. El Vanguard FTSE All World, uno de los más populares, tiene un coste del 0,22%.
Ahora bien, si construimos una cartera con varios ETFs, la comisión media puede ser incluso menor. Crear una cartera de ETFs diversificada con cinco activos puede tener una comisión total de en torno al 0,096% anual, dependiendo de la proporción invertida en cada uno.
Además, los brókeres pueden aplicar comisiones por la compra y venta de ETFs. Y si no lo hacen, es posible que ganen dinero con el spread, especialmente en ETFs menos líquidos. A más liquidez, menor spread y menor impacto en la rentabilidad.
Por eso, conviene elegir ETFs grandes, con volumen y que coticen en mercados principales.
Comisiones en los fondos de inversión
Los fondos de inversión son diferentes a los ETFs y tienen comisiones de inversión distintas. Aquí no pagarás comisión de compra-venta, pero sí puede existir comisiones de suscripción o reembolso, que se aplican al entrar o salir del fondo.
Además, también existe una comisión de gestión para retribuir el trabajo de los gestores. Esta gestión es más elevada que la de los ETFs y la clave está en asegurarse de que el gestor se gana su comisión. En otras palabras, que el rendimiento del fondo merece la pena y supera lo que obtendrías con un ETF o un fondo indexado.
Algunos fondos tienen diferentes clases del mismo fondo con distintas comisiones. Estas clases sirven para diferenciar la divisa en la que invierte, si hay una clase de acumulación y otra de distribución o el capital mínimo de inversión. Además, también hay clases que incluyen retrocesiones.
Como inversores, es importante comprobar si estamos accediendo a la clase más eficiente.
Puedes usar nuestra calculadora de comisiones para estimar cuánto estáis pagando realmente.
Una forma de comparar el coste total de un fondo es revisar sul TER (Total Expense Ratio), que recoge todos los gastos soportados por el fondo. Cuanto más bajo sea este porcentaje, mejor para el inversor.
Comisiones por comprar acciones
Invertir en acciones también tiene sus costes. Al comprar o vender pagarás una comisión que suele situarse entre el 0,20% y el 0,60% del importe operado. Esta cifra incluye tanto la comisión del bróker como los costes de mercado.
Asimismo, existen comisiones de mantenimiento por tener los valores en custodia, que pueden oscilar entre 4 y 10 euros por valor al año. Algunos brókeres incluso no las cobran.
Otras comisiones menos frecuentes son las de cobro de dividendos, ampliaciones de capital o traspaso de valores a otro bróker. Estas últimas pueden ser especialmente costosas, en torno a 30-35 euros por valor.
El impacto de las comisiones en tu inversión
Cada comisión que pagas reduce directamente la rentabilidad de tu inversión. Una comisión de un 1% anual puede parecer pequeña, pero a largo plazo supondrá una gran diferencia.
Si inviertes 100.000 euros y pagas un 1,22% anual, estarías pagando 1.220 euros al año. Pero si consigues una cartera eficiente con una media del 0,22%, el coste sería de 220 euros. La diferencia acumulada en 20 o 30 años puede ser enorme.
Esto afecta directamente al poder del interés compuesto. Cuanto menos se pierda por el camino, más se multiplica nuestro capital. Por eso es clave tener claro cuánto cuesta invertir y qué parte de ese coste podemos evitar.
Eso sí, tampoco hay que perder la visión de conjunto. Pagar una comisión elevada por un producto que supera al mercado puede merecer la pena si el resultado neto es positivo.
Cómo conocer las comisiones que pagas
Detectar las comisiones explícitas es relativamente sencillo: aparecen en los extractos o se informan antes de operar.
Pero las implícitas requieren algo más de trabajo. Veámoslo con un ejemplo: se puede comprobar el spread observando la diferencia entre los precios de compra y venta de activos muy negociados, como Apple o el ETF del S&P 500. Si el spread es mayor que el habitual del mercado, puede que el bróker esté aplicando un margen adicional.
En el caso de los fondos, es fundamental consultar el folleto informativo (DFI) y el TER. Todos estos documentos están disponibles en la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores) o en la propia web de la entidad.
También es importante pedir a la entidad financiera o al profesional con el que contratamos el producto que nos informe de la rentabilidad neta, descontando comisiones. Es la única cifra que refleja lo que realmente obtenemos por nuestra inversión.
Si quieres saber si estás pagando de más, podemos revisar tu cartera juntos. ¿Hablamos?
La información compartida en este artículo bajo ningún concepto representa una recomendación de inversión.

