¿Cuánto se debe ahorrar al mes?
Ahorrar es el primer paso para construir una base financiera estable. No se trata de una cifra mágica, sino de definir una estrategia realista basada en los ingresos, gastos y metas personales.
En las siguientes líneas vamos a analizar cuánto se recomienda ahorrar al mes, cómo adaptar esa cifra a cada situación, cuándo conviene empezar a invertir y cómo rentabilizar ese ahorro a largo plazo.
Para qué ahorrar dinero
Antes de decidir cuánto ahorrar, conviene hacerse una pregunta: ¿para qué se quiere ahorrar? Sin un objetivo claro, el ahorro tiende a perder fuerza, igual que ocurre con la inversión. Puede ser para montar un negocio, comprar una vivienda, viajar, anticipar la jubilación o simplemente disponer de un fondo de seguridad.
Fijar una meta ayuda a mantener la motivación y determina el horizonte temporal. Esto es clave para saber dónde invertir los ahorros y elegir los productos de inversión más adecuados cuando llegue el momento de hacerlo. No es lo mismo ahorrar e invertir para un gasto dentro de seis meses que para uno dentro de diez años.
El plazo de la inversión también influye en el nivel de riesgo de la inversión como parte del perfil de inversión. En términos generales, a largo plazo se suele poder asumir algo más de riesgo, y, por tanto, aspirar a más rentabilidad, mientras que uno a corto plazo requiere conservar el capital. Y es que, cuando se trata de dinero e inversiones, rentabilidad y riesgo van de la mano.
Qué porcentaje del sueldo se debe ahorrar
No existe un porcentaje único válido para todo el mundo. La cantidad ideal depende de varios factores: ingresos mensuales, gastos fijos y variables, edad, situación familiar y objetivos financieros. Como ven, son muchas las variables que intervienen a la hora de definir un porcentaje de ahorro.
La clave aquí está precisamente en pensar en porcentajes en lugar de hacerlo en un montante de euros específico. Y es que, no es lo mismo ahorrar 500 euros con un salario de 1.500 euros al mes que con uno de 3.000 euros.
En cuanto al porcentaje específico, la regla 50/30/20 es una referencia habitual en la cual el 50% de los ingresos se destina a gastos esenciales (vivienda, alimentación, transporte), el 30% a estilo de vida (ocio, compras) y el 20% al ahorro.
Lo que la vuelve interesante a esta regla es que contempla al ahorro dentro de su estrategia y hace que no lo dejemos para el final del mes. Sin embargo, no es una fórmula universal.
Hay quienes solo pueden ahorrar un 10%, y quienes, gracias a un buen control de gastos, logran ahorrar más del 30%. También existen otras metodologías, como el sistema de «ahorro inverso» (ahorrar primero y gastar después) o estrategias basadas en metas específicas.
Al final, una buena tasa de ahorro se sitúa entre el 10% y el 30% de los ingresos mensuales en función de las circunstancias e ingresos de cada uno.
Un enfoque útil a largo plazo consiste en ahorrar al menos la mitad de cada aumento de sueldo, por lo menos durante las primeras etapas profesionales, que es cuanto más crecerá el salario. Así se incrementa el ahorro sin necesidad de hacer grandes ajustes al gasto. Pero claro, depende de la posibilidad de cada ahorrador.
Además, es recomendable revisar la capacidad de ahorro de forma periódica. Aumentarlo cuando se reducen los gastos, por ejemplo, al terminar de pagar una deuda, o cuando se incrementan los ingresos. Esto puede marcar una gran diferencia en el largo plazo.
Asimismo, el porcentaje de ahorro también debe adaptarse a la etapa vital. Una persona joven que vive con sus padres podría ahorrar un porcentaje mayor, mientras que alguien con hijos pequeños y una hipoteca tendrá menos margen, pero no debería dejar de ahorrar por completo.
¿Cuándo conviene ahorrar y cuándo invertir?
El ahorro y la inversión deben seguir un orden. Antes de definir dónde invertir tus ahorros, es fundamental disponer de un fondo de emergencia que cubra entre tres y seis meses de los gastos esenciales. Este colchón actúa como una red de seguridad ante imprevistos: pérdida de empleo, problemas de salud y/o averías, entre otros.
Por ejemplo, si los gastos mensuales son de 1.200 euros, el fondo debería estar entre 3.600 euros y 7.200 euros, según el nivel de estabilidad laboral o familiar.
Tener este respaldo permite asumir riesgos de inversión sin comprometer la tranquilidad financiera.
Una vez cubierto ese fondo, se puede empezar a invertir el dinero que no se necesitará a corto plazo. El objetivo de la inversión es hacer crecer el patrimonio a medio y largo plazo.
Invertir antes de tener un fondo de seguridad puede ser un error. Ante un imprevisto, puede ser necesario vender inversiones en mal momento y asumir pérdidas. Mejor evitar este escenario.
Una vez cubiertas las necesidades básicas, invertir permite aprovechar el poder del interés compuesto y proteger el ahorro frente a la inflación. El interés compuesto hace que el capital no solo crezca por las aportaciones mensuales, sino también por los intereses generados, que a su vez generan más intereses con el tiempo.
Cómo sacar rentabilidad a mis ahorros
Tener el dinero parado en una cuenta sin remunerar hace que pierda valor con el tiempo debido a la inflación. Por eso es preferible buscar opciones que generen rentabilidad.
Invertir siempre implica asumir riesgos, pero ese riesgo estará siempre en consonancia con el perfil inversor de cada persona. Existen alternativas para distintos perfiles: conservadores, moderados o dinámicos. Lo importante es conocer el perfil de riesgo y actuar en consecuencia.
En resumen, que hay inversiones seguras o menos volátiles que otras y que es posible batir la inflación con un perfil conservador.
Entre las opciones de inversión más habituales están los fondos de inversión, los fondos indexados, los PIAS, los roboadvisors, los depósitos a plazo o la deuda pública. Muchos de estos productos permiten empezar con cantidades reducidas, pero no todos son iguales y es importante conocer las diferencias porque no todos son idóneos y algunos tienen costes ocultos.
Y más allá del vehículo específico, una cartera diversificada, que combine varios activos como renta fija, renta variable y liquidez, puede ofrecer una rentabilidad media anual del 4% al 7% a largo plazo. Por ejemplo, invertir 200 euros al mes durante 20 años con una rentabilidad del 6% podría traducirse en más de 90.000 euros, gracias al efecto del interés compuesto.
¿Sabes si tu cartera está bien equilibrada? Analizar la composición de tu cartera es clave para alcanzar los objetivos financieros. Una mala asignación de pesos puede limitar la rentabilidad y aumentar los riesgos innecesarios.
Además de diversificar, es clave mantener el colchón de seguridad, dejar que la inversión trabaje en el tiempo, invertir únicamente el dinero que no vas a necesitar y evitar decisiones emocionales ante la volatilidad del mercado. El enfoque debe ser siempre a largo plazo. ¿Empezamos?
La información compartida en este artículo bajo ningún concepto representa una recomendación de inversión.


